Aún nos falta mentalidad para trabajar de forma totalmente digital

Entrevista a Luis Ignacio Ardila, director general adjunto de Norma 4 (Grupo Aubay)

Luis-Ignacio-Ardila-director general adjunto de Norma-4

“Lo nuestro es el análisis de las tecnologías para encontrar aplicaciones inteligentes que convertidas en soluciones hagan que nuestros clientes sean más eficientes en sus negocios. Pero no sólo ofrecemos tecnología, intentamos contribuir a la gestión del cambio cultural. Algo imprescindible en el momento que vivimos, cuando la comunicación empresarial resulta vital. En España tenemos un problema grave en este sentido, ya que no estamos considerando la comunicación como algo esencial en la transformación a la que estamos abocados. Debemos explicar y razonar el porqué de las cosas y los beneficios que se derivan de una nueva forma de trabajar”.

“En otros países, las grandes empresas vienen incorporando, hace tiempo, a una persona de comunicación al comité de dirección, pero también otra de TIC. Resulta lógico, hay que facilitar la cercanía a la fuente con la que se trabaja. Es en el comité de dirección donde se genera realmente toda la información. Si el director de comunicación está ahí, su proyección será muy efectiva. La comunicación es la base de todo. Sobre todo en la ciudad digital. La interacción del ciudadano tiene que ser informar, de lo que sea, de lo que ve… todos esos datos sirven para obtener una visión de conjunto, actuar y que la ciudad mejore. Ahorro de energía, utilización de sistemas, etc. Las nuevas generaciones saben hacer eso como nadie”. Las declaraciones de Luis Ignacio Ardila, director general adjunto de Norma 4 -empresa TI española, integrada en el Grupo francés Aubay- se centran de lleno en la transformación digital.

¿Cómo situaría a “Norma 4” en el panorama de la información digital actual?

Frente a un panorama en el que la tecnología ha ido avanzando y las personas se han ido quedando atrás, hay que replantearse muchos escenarios. La transformación digital, para nosotros, ya no se centra tanto en la necesidad de aplicar tecnología, sin restarle su debida importancia ya que se hace necesaria para la digitalización de procesos, pero no son necesariamente los procesos más complejos, son los más simples los que todavía quedan por digitalizar. La mayoría de la gente aún no está preparada adecuadamente al respecto, les cuesta mucho pensar en hacer un trabajo de forma digital completa. Menos mal que todavía existe Excel, de lo contrario estaríamos aún haciendo las cosas con papel y lápiz.

¿Un ejemplo?

Trabajamos en procesos de contratación automática. Tecnológicamente es algo simple, incluso legalmente se ha convertido en un tema simple. Autentificación de firmas, gestión de documentos, etc. Esto es fácil, aquí no hay complicación… es relativamente sencillo. El problema no es ése, sino el poder implantar este tipo de procesos con las características y sobre todo, con los procedimientos, tanto legales como internos de las propias compañías. Sí la gente no lo ve, no se fía. Es lo mismo que ocurría hace tiempo con el pago a través del teléfono, por ejemplo. Hoy, ese temor prácticamente no existe.

Digamos que mucha gente, pese a su preparación arrastra lastre de otras épocas. Entonces entraríamos en el tema de las competencias y su necesaria aplicación en los trabajos de la era digital… Por ello ¿cómo definiría al trabajador digital, en líneas generales?

Es que debe tenerlas ya que hay un sinfín de procesos por digitalizar. Ese trabajador debe tener, aparte de las competencias propias de su negocio, sea la profesión o cargo que sea, una mente abierta y deseo de querer mejorar. En general, los humanos tenemos tendencia a ingresar en un área –la que sea- y cumplir con un trabajo con el que nos familiarizamos. Si preguntas ¿por qué haces esto así?, la respuesta es porque así lo llevo haciendo toda la vida. Es ese el gran problema que tienes con las personas que van pasando al trabajo digital, porque a todos les cuesta mucho el cambio. Sobre todo cuando es muy radical. Cambia mucho de hacer las cosas con un Excel a interactuar con una aplicación desde un móvil. Es totalmente diferente y la gente se siente perdida ya que parece que pierde esa cercanía con su propio trabajo.

Luis Ignacio Ardila, director general adjunto de Norma 4

Veamos algunas estadísticas. La diferencia de inversión en TIC respecto a la UE ya era de un 20% en 2000, en 2015 es casi de un 50%. El crecimiento se ha estancado en Europa con la crisis ¿vamos tan mal?

Así es. Pero sigo pensando que en el fondo está también la reticencia al cambio, algo que no se enseña y que deberíamos hacer. Hay que cambiar el sistema, en las escuelas, en las empresas, en las universidades, en todos los sitios. Casi todo el mundo tiene en su mente que hay que cambiar algo; lo que ocurre es que mucha gente, lo ve como algo negativo porque ese cambio le va hacer perder poder, o significa que su trabajo se volverá obsoleto. Es miedo a perder lo que se tiene y sobre todo miedo al cambio. Se debe entender y asumir que la tecnología sirve para sustituir trabajos mecánicos por otras cosas de mayor valor añadido. Más complejas, más subjetivas, más orientadas a capacitación para mentalidades abiertas, inventar más cosas, ser más rápidos y más ágiles en el “time to market” en cada uno de los negocios. Así se pueden implementar soluciones para los clientes sin necesidad de que todo sea un arco de iglesia… para eso sirve la tecnología.

Hace unos meses, el consejero delegado en España de una importante multinacional del sector, aseguró públicamente que “la clase política no se ha capacitado mucho para el futuro, por lo que el impulso para la digitalización tiene que nacer de las propias empresas, dado la incertidumbre política y el escaso interés que muestras políticos y Administración por la Agenda digital”.

Desde que se presentó la Agenda Digital, los políticos sí, están haciendo algo. Lo que sucede es que les ocurre lo mismo que a la mayoría, no piensan digitalmente, no están viendo las bondades de digitalizar todos los procesos. Y también es verdad que no están pensando en procesos, que eso es una forma de pensar… ahí sí que nos falta bastante. Si tú piensas orientado a procesos, sabes cómo automatizar. Si no lo haces en esa dirección, lo que estás pensando es en personas que trabajan en un nicho. Así es imposible automatizar ni digitalizar nada, porque estás pensando en el trabajo de la persona. No en su aportación en cada uno de los procesos que está realizando. Si no piensas de esa forma, es muy difícil plantearse la transformación digitalizar. Aunque se estén acometiendo ciertas experiencias de cambio cultural, veo ciertas prácticas que no tienen ningún sentido. Pero no las veo no sólo en la parte baja y/o media de la pirámide, las veo sobre todo en la parte alta, en la cúspide.

Ahora se busca actitud y capacidad o mejor, determinadas capacidades. ¿Razones? Tienen claro que lo suyo no es un negocio estático, no necesitan personal con conocimientos de su negocio, porque tienen claro que éste va a cambiar. Necesitan gente que sea capaz de aguantar su negocio futuro, ¿Qué cuál es? Pues no lo saben. Pero se sabrán adaptar a él porque ya han evolucionado en lo suyo –lo que sea– y han sido capaces de hacerlo rentable. Es decir, ya no es una titulación, son capacidades y actitudes. Porque ahí si tiene que haber un cambio. La actitud de tener un puesto de trabajo fijo y esperar a ese momento para comprar una casa, casarte, tener hijos, es algo que está obsoleto…o, por lo menos, así lo veo. Ahora su trabajo no va a ser para siempre, ahora se va a orientar más a proyectos… Mi proyecto tendrá fecha de finalización, podrá durar seis meses, un año… Luego, cuando transcurra ese tiempo, tendré que buscar otro tipo de proyecto y estaré mentalizado cada vez más en esa dirección. Así es como veo que se está evolucionando. Si el Gobierno gasta más o menos en educación, el problema no es tanto el dinero como la capacitación de los profesores para enseñar. Pero capacitación, no titulación. Aquí somos muy de título, master en postgrado… De acuerdo, ¿pero esa persona sabe enseñar o no? Esa ésa es la cuestión.

Hace algunos meses The Wall Street Journal comentó una interesante actitud de Obama, el presidente americano era partidario de adoptar, en gran parte, la forma cómo funcionaban las industrias alemanas, sobre todo de cara a 4.0. ¿Cree que se han dado pasos algo similares en este sentido en España?

Aquí tenemos un problema. Cada poder -grande o pequeño – cree que su verdad es la única. Así resulta imposible avanzar, si construyes por un lado, te frenan por otro. No podemos estar tirando cada uno para su lado. Se habla de nuevas tecnologías, de innovación… ¿Pero tecnologías nuevas para qué? La innovación no está en la tecnología, está en el uso que le des. Voy a desarrollar una APP ¿para qué? Conque todo el mundo en vez de utilizar papel, fuera experto en Excel…con sólo eso, que no es tan difícil, se produciría en España el doble. Si no quieres dar ese paso disruptivo, sólo sumar y restar… Así no hay ningún avance.

Cuando se habla de tendencias y de ciudades inteligentes, lo que se ve hasta el momento y en la mayoría de proyectos, es que normalmente se ofrecen realizaciones bastante útiles, pero que no dan la idea de la imagen disruptiva que caracteriza a una ciudad inteligente. Que no parece tener en cuenta el grado de involucración que el ciudadano debe tener en este ámbito. Como que todo lo deciden por él…

Es que estamos acostumbrados a que el estado nos resuelva los problemas. No a resolver nosotros los problemas con el apoyo estatal. Es muy diferente que seas tú quien tires del carro a que te subas en él y que te dejes llevar. Cambia mucho la historia.

Es verdad que en las ciudades digitales hay muchas cosas que se pueden hacer, pero estallarán cuando la gente que tiene ahora 15/17/20 años, tenga 40 y tengan hijos, porque ellos sí están orientados en este sentido y cogen el móvil para todo. Ven una farola que no alumbra, cogen el móvil y avisan: “esta farola no tiene luz”. ¿Dónde suele quedar la gente de 15 años? Pues donde hay WiFi gratis. Van a la parte de atrás del hogar de ancianos porque cogen el WiFi o al Startbuck más cercano. Incluso ni entran, operan desde la puerta… Es gente que no se lo piensa mucho para cambiar de compañía telefónica si le suben un par de euros la cuenta, pero no vacilan en gastarse mil euros en la compra de un equipo. Porque lo valoran.

La forma de interactuar entre ellos es totalmente diferente. Que a veces desconcierta, pero interactúan más entre ellos a distancia, vídeo conferencias entre varios, skype, hablan… es una cultura tremendamente diferente. Y esa cultura es la que te puede hacer interactuar constantemente en una ciudad inteligente.

Porque, si lo típico para considerar ciudad digital es entrar en una oficina o lugares donde la luz se apaga o se enciende dependiendo de la presencia… Es un ahorro de energía muy bueno, pero es una interacción simple…cosas en las que el ciudadano no tiene nada que ver, es pasivo y no genera información, sólo recibe. Así no avanzaremos mucho.

 

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