El despacho del CEO está en las redes

Desde que el concepto oficina de trabajo comenzó a imponerse en el mundo empresarial, los espacios físicos para que el personal realizase sus actividades laborales se fueron acotando conforme a sus obligaciones y responsabilidades. Durante mucho tiempo aquellos lugares eran «fábricas administrativas», en las cuales la mesa de trabajo y la silla proporcionaban todos los elementos físicos necesarios para que unos empleados que no interactuaban, llevaran a cabo sus reiterativas tareas. En este ámbito prevalecía un fuerte sentido de supervisión directa, hecho que originó un estilo y asignación de espacio laboral que establecía claramente en la oficina la jerarquía espacio laboral/trabajo.

Así y durante décadas y décadas, tanto los lugares de trabajo como sus condicionantes no experimentaron mayores variaciones, con lo que el empleado – dependiendo del cargo que se desempeñase en la estructura empresarial –  asumía una serie de elementos diferenciadores correspondientes a su cargo. Entre ellos destacaba el entorno laboral (oficina individual, un mayor espacio, mejor vista. secretaria, teléfonos directos, horarios flexibles, etc.), el más deseado pero al que sólo llegaban los directivos. Se estableció así una rígida jerarquía sobre todo en las grandes oficinas, tema que se acrecentaba a niveles de identidad a medida que se ascendía.


Tanto es así que suele decirse que el despacho en el que se celebra la reunión con un CEO es la primera imagen que se percibe de él.


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Generalmente, todo esto se reconocía como parte de la cultura de una organización o bien, como se dice muchas veces, “la forma en que aquí se hacen las cosas”. Pero la cultura organizacional no solo es una consideración fundamental en la transformación del lugar de trabajo, también es cambiante.

 

Si los tiempos están cambiando, los nuevos espacios laborales, los entornos híbridos, los espacios colaborativos y, sobre todo, los cada vez más proliferantes coworking, navegan a la deriva de este concepto “antiguo” y apuestan por la distribución funcional del lugar de trabajo. Algo lógico por lo demás, ya que si tenemos en cuenta que en 1900 el trabajo de oficina era físico en un 83%, mientras el 17% restante era lo que podríamos llamar trabajo de conocimiento. En 1970, el físico había bajado a un 51% y el conocimiento había subido a un 49%. Para 2020, la relación será, 25% físico y un 75% conocimiento. A las puertas de la economía digital, el talento no suele proliferar en sitios en los que se trabaja de forma mecánica y reiterativa. Vienen otros tiempos, se plantean nuevos objetivos, irrumpen las más variadas tecnologías y surgen nuevas formas de hacer las cosas, muchas de las cuales no existían hace sólo una década. Así, no puede extrañar la serie de cambios sustanciales que estamos viendo y que la oficina comience a no ser el sitio obligado para el trabajo individual.  Sobre todo entre los directivos.


“La realidad es que los CEOs sin despacho cada vez son más frecuentes y su trabajo o el resultado del mismo, no debe verse afectado por ello. Al contrario: a mayor optimización y adaptación del entorno en el que se desarrollan las actividades, mayor productividad, y la idea de que el despacho transmita la identidad de la empresa y no la personalidad del CEO es fundamental” indica un reciente informe de OFITA.


“Estas ideas – subraya -, son consecuencia de las nuevas filosofías de trabajo que se extienden por Europa y que tarde o temprano llegarán a España: se trata de primar la productividad del trabajador y sus objetivos conseguidos, y no el número de horas que permanezca en su silla. En algunos entornos de trabajo, incluso, no hay espacios asignados, sino que cada trabajador se sienta donde mejor considera que le viene para sus tareas diarias”.

Oficina-Zona-laboral-descansoEvidentemente existen situaciones insalvables, como es el hecho de que un CEO que necesite realizar numerosas llamadas privadas, o que tenga reuniones constantes, requiera un espacio personal disponible. O también según el tipo de trabajo de cada uno, pensando por ejemplo en oficinas de teleoperadores. Pero en casos más  objetivos y comunes, la organización del espacio en función de sus necesidades se convierte en un beneficio directo. Y si un CEO pasa solamente el 20% de su tiempo sentado en el despacho, ¿por qué bloquear este lugar y no dejar que se utilice para otros fines?

La optimización del espacio en función de las necesidades de cada empresa es uno de los objetivos que se marca Ofita a la hora de diseñar el mobiliario y su disposición. En primer lugar, se hace un estudio del espacio, se analizan los usos y necesidades de cada empleado en el día a día de su trabajo y se presentan soluciones integradas.

La primera propuesta es un lugar similar al del resto de sus trabajadores, que fomente la comunicación y le haga accesible a todo el mundo. Si esta iniciativa va en consonancia con la filosofía de la empresa, el ambiente distendido y la productividad como objetivo fundamental serán las máximas. Ya lo rezan algunas compañías: el despacho de un CEO está en las redes y no en un rincón más elevado y distante de la oficina.

Otra opción es disponer de un espacio personal y diferenciador respecto al resto de empleados, pero siempre en consonancia con ellos. Una mesa más alejada en un ambiente más grande o con alguna mampara que le permita disponer de tiempo en privado aunque sin llegar a aislarlo, con el objetivo de que el trabajo en equipo y la accesibilidad a él sean constantes.

Se trata de soluciones que no aportan más que beneficios para la empresa y el trabajo diario de sus empleados. La presencia del CEO como un líder y no como un jefe, que comparte sus quehaceres y está “espacialmente” disponible (reuniones y agenda al margen, por supuesto), es una apuesta segura por la productividad, rendimiento y trabajo en equipo en una compañía. También, supone una mayor comunicación, se consigue romper con los esquemas jerárquicos que ralentizan el flujo de ideas, se obtiene una visión global de los problemas para el manager y, lo más evidente, se disfruta de una optimización del uso de metros cuadrados disponibles.

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