Un nuevo cerebro para las metrópolis del Siglo XXI

Carlos Navares, Director área de negocio Eficiencia Energética de Grupo CMC

La inteligencia es un atributo inherente al concepto de smartcity, actualmente en el centro de atención de las administraciones públicas y la industria. Ambos agentes han comprendido que minimizar el impacto medioambiental de las grandes metrópolis es un paso indispensable si queremos garantizar la sostenibilidad del planeta en su conjunto. Ello implica una evolución en el modo en el gestionamos o, mejor dicho, se auto-gestionan las nuevas macro-ciudades, hoy por hoy responsables del el 80% de las emisiones de CO2 y el 75% del consumo de energía.

Si tenemos en cuenta, además, que la mitad de la población mundial vive en ciudades, pero las previsiones apuntan a que esta proporción se habrá elevado hasta el 75% 2050, la iniciativa 20-20-20 de la Unión Europa gana, si cabe, más sentido.

Entre las referencias de urbes que anticipan hacia dónde conducimos el futuro se encuentran la ciudad de Masdar, localizada en el Emirato de Abu Dabi, diseñada por el arquitecto británico Norman Foster y en cuyos 5 Km² habitarán 40.000 persona. Está previsto que la construcción de esta ciudad totalmente sostenible con el medio ambiente y capaz de autoabastecerse de energía culmine entre 2020 y 2025 y, con ese objetivo trabajan 1.500 empresas. Otras iniciativas en marcha en ciudades con un largo recorrido y merecedoras de una mención especial son Nueva York, en la que el proyecto HubCab permite recoger datos de 13.500 taxis de los más de 170 millones de viajes realizados por los neoyorkinos a lo largo de un año y utilizar esa información en la toma de decisiones más inteligentes que ha permitido, entre otros, reducir en 423 gramos por kilómetro las emisiones de CO2 por trayecto.

Ciudad BBVA, edificio inteligente y sostenible.
Ciudad BBVA, edificio inteligente y sostenible.

En este punto y teniendo en cuenta que los centros de trabajo suponen el 40% del consumo de energía final en el conjunto de la UE y que más del 80% de ese consumo se corresponde con las instalaciones de climatización e iluminación, resulta fundamental que los gestores, pero también los usuarios finales, dispongan de sistemas de gestión eficientes e inteligentes. Se trata de un paso imperativo para alcanzar el 20% de ahorro en el gasto energético que se persigue con el proyecto 20-20-20. Esta reducción representa, en cifras, un montante de nada menos que 50.000 millones al año.

Si la gestión inteligente de los sistemas de climatización y la iluminación es fundamental en el desarrollo de las smartcities, no lo es menos la gestión y la optimización del consumo de agua. De acuerdo con el Global Risk Report del Foro Económico Mundial, la gestión del agua es, junto con la economía, el desempleo, la escasez de alimentos y los fenómenos meteorológicos extremos, uno de los mayores riesgos mundiales que afrontamos y, en ese escenario, el concepto de sostenibilidad Zero Water (agua consumida = agua recogida) marca la pauta en la gestión inteligente de los edificios.


Las estrategias para llevar a cabo una gestión lo más inteligente posible de los edificios en las smartcities son variadas y, claramente, las nuevas tecnologías nos ofrecen multitud de posibilidades bajo la forma de dispositivos, sensores, sistemas de detección de presencia, de control de ocupación de lugares y espacios, dirigidos a amoldar el gasto energético a la necesidad reales de los humanos.


 

La expansión de Internet de las Cosas (IoT) significa que cada dispositivo (sensor) se convierte en un elemento inteligente con capacidad para establecer comunicación directa con otros dispositivos / actuadores almacenando ingentes volúmenes de información en la nube para, a través de su análisis en tiempo real, permitir que el funcionamiento de los diferentes sistemas que conviven en los edificios se ajuste a los cambios que se producen en términos de meteorología, ocupación, seguridad, etc.

Se trata, en definitiva, de evolucionar desde unas arquitecturas jerarquizadas a otras distribuidas que permiten que los diferentes sensores y elementos distribuidos por el edificio capten información sobre temperatura, presiones o caudales y la transmitan, a través de redes de comunicación ultrarrápidas, hasta un puesto central de control o celebro en el que a partir de estos datos se procede a dar instrucciones a distintos actuadores para, por ejemplo, abrir o cerrar, arrancar o detener bombas, sistemas de iluminación… con el objetivo final de mantener el consumo de energía del edificio dentro de los márgenes energéticos establecido.

Si los sistemas de gestión son uno de los pilares del edificio de la gestión eficiente de la energía, los procedimientos enfocados a la mejora energética continua y a las personas son también fundamentales puesto que, sin una cultura y unos hábitos enfocados a la sostenibilidad, es imposible el éxito de estos proyectos.

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