Ciencia y Tecnología en España, un informe para reflexionar

Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España, elaborado por la Fundación Alternativas

Sin avances científicos no hay progreso posible. No es novedad afirmar que la relación de la sociedad y el Estado español con la ciencia ha sido en general complicada, por no decir frustrante.  La razón de esta insuficiencia, tan trascendental, se debe a que ni el Estado ni el sector privado han mostrado un interés preferente por la ciencia ni tampoco por la educación en general, hasta fechas bien recientes.  Pese a todo se ha mejorado y en ciertos campos de manera notable. No obstante, los recursos siguen siendo claramente insuficientes, pues no hay más que analizar los Presupuestos Generales del Estado de los últimos años y comparar la inversión en I+D con otros países avanzados de Europa, de Asia o de América del Norte para darnos cuenta del retroceso acumulado. Entre otras, esta es la razón por la cual miles de jóvenes españoles con talento tienen que emigrar a otros países para poder desarrollar su vocación científica.

Este es el avance de una documentada exposición que presenta este primer Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España, elaborado por la Fundación Alternativas, trabajo que coincide con momentos preocupantes para el desarrollo científico y tecnológico, pero no solo en España, ya que los problemas y la incertidumbre en muchos ámbitos se perciben a escala global (Trump, populismos, negacionismos) y al mismo tiempo las denominadas economías emergentes, van transformando la escena internacional también en lo que respecta a la ciencia y la tecnología (en adelante CyT).  No olvidemos que el avance de la CyT ha sido decisivo para alcanzar los niveles de bienestar que precedieron a la crisis sistémica global – que sigue asolando a la ciudadanía con tremendas desigualdades.

¿Cuál es la situación actual de la ciencia y la tecnología en España?

Esta es la interrogante con la que arranca este estudio. En la actualidad, el sistema emplea a algo más de doscientos mil investigadores en equivalentes de jornada completa, con un número de investigadores por mil habitantes empleados de 6,8, por debajo de la media europea de 7,9. Estos se agrupan en una decena de organismos públicos de investigación, tanto multisectoriales (el Consejo Superior de Investigaciones Científicas) como sectoriales (el Instituto de Salud Carlos III, el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, etc.), así como en un total de ochenta y dos universidades, muchas de ellas de creación reciente.

Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España

Ahora bien, hay que partir de la base que la percepción de la ciencia y la tecnología (en adelante CyT) por los españoles, es más limitada que la del resto de los europeos y los norteamericanos. Solo el 21% de los españoles accede a noticias de ciencia a través de los medios de comunicación, muy por debajo de la media europea (41%).

La financiación del sistema es fundamentalmente pública, con una participación privada que en el mejor de los casos solo ha llegado a superar escasamente el 50% del total de la inversión, muy inferior al 70-80% de los países líderes en CyT. En los últimos nueve años se ha producido una drástica reducción, superior al 30%, en la financiación del Estado a la I+D, que nutre fundamentalmente al sistema de laboratorios públicos. Como resultado, se ha producido una disminución muy importante en la aparición de artículos de científicos españoles en las revistas de mayor repercusión internacional, así como una reducción del 60% en el número de patentes producidas. Esta caída de la producción de excelencia ha afectado en menor medida a las nuevas instituciones de investigación, como el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas o el Centro de Regulación Genómica, creadas a principios de siglo y que tienen unos métodos de gestión acordes con los estándares internacionales, no como la gran mayoría de los centros públicos, cuyos investigadores/profesores tienen un estatus funcionarial y están regidos por el mismo procedimiento administrativo que el resto de los funcionarios, aunque sus funciones sean sensiblemente distintas.

Un análisis pormenorizado de la financiación pública de los últimos veinticinco años muestra que ni siquiera en los años de gran crecimiento económico se han producido incrementos notables de financiación en ciencias básicas. Además, en torno al 50% de los fondos presupuestados para la financiación de proyectos conjuntos con las empresas en materia de ciencia orientada se ha dejado sin gastar, de forma habitual, en los últimos años, lo que falsea la cuantía de los fondos de inversión dedicados a CyT en los Presupuestos Generales del Estado e indica un sistema muy ineficiente en la ejecución de las inversiones en CyT. Hace años que los países avanzados han incorporado la CyT a su agenda política como base de una industria innovadora y del progreso social.

Gastos internos totales en actividades de I+D por años y origen de los fondos

En España, esta incorporación no se ha producido en los mismos términos. La dependencia gubernamental de nuestra política científica ha hecho que la CyT se considere una competencia más que tiene que asumir el Estado, pero no de las más importantes y por una razón estética fundamentalmente, sin asignarle un poder movilizador del progreso socio-económico. Esto ha hecho que durante la crisis se haya producido el mayor recorte en la inversión en I+D de los países occidentales, mientras otros incrementaban esta inversión entre el 12 y el 30%, aumentando así la brecha existente con ellos. Esta dependencia gubernamental/funcionarial también ha hecho que se desenfoque el objetivo de los proyectos científicos, importando más la gestión administrativa que los resultados científicos obtenidos. Los investigadores tienen que incluir las tareas no productivas (fundamentalmente administrativas) entre sus funciones, lo que provoca un serio derroche de capital humano.

El sistema español de CyT carece de una estrategia definida de acuerdo con las necesidades y prioridades del país, aunque existan unos llamados planes estratégicos que habitualmente no se cumplen. Además, dicho sistema tiene una dependencia dual: del gobierno central y de las comunidades autónomas. Para completar el cuadro, las instituciones responsables de la producción de conocimientos científicos no están coordinadas entre sí. Los órganos de coordinación previstos no funcionan. La estructura de gestión del gasto es ineficiente, pues no consigue llevar a cabo la inversión prevista ni siquiera en los años de bonanza económica. De todo esto resulta claro que la financiación privada no se incrementará mientras no se solucionen los cuellos de botella del sistema que impiden su correcto funcionamiento.

¿Cómo mejorar la situación actual?

Es a partir de esta interrogante cuando el estudio comienza a proponer una serie de documentadas recomendaciones que pueden orientar a buena parte de los políticos a que sitúen en su agenda preferente uno de los temas más vitales para el futuro de España. En efecto, debe incluirse la CyT en la agenda política como un pilar de progreso, a través de la puesta en marcha de una política de reindustrialización basada en la innovación. Además, es todavía necesario plantear un incremento del tamaño y calidad del sistema. El sistema español de CyT necesita un incremento de los recursos disponibles, humanos y financieros, para salir de la situación actual en la que se encuentra y poder servir de base sólida para una economía innovadora, pero este incremento debe ir asociado a reformas institucionales de calado para que la inversión sea eficiente y consiga sus objetivos.

Es importante establecer un nuevo sistema de gobierno para la ciencia con mayor participación de la comunidad científica, como existió durante el primer tercio del siglo XX y que tan buenos resultados dio. Este sistema funciona también con éxito en la Unión Europea en sus mejores programas de excelencia (véase el European Research Council).

Para ello el Informe propone:

  1. Los responsables de la Agencia Española de Investigación deben ser propuestos inicialmente por la sociedad científica, no por las autoridades ministeriales, aunque sean las que los nombren.
  2. Parece imprescindible poner en marcha un pacto social que permita la interacción de la ciencia con la sociedad a través de sus representantes. Esto se conseguiría con la creación de una oficina parlamentaria de evaluación de políticas científicas y tecnológicas, que ayudara en la definición de la estrategia en CyT y asesorara en temas concretos a los diputados, que normalmente carecen de conocimientos científico/tecnológicos.
  3. Es ineludible eliminar la exclusividad funcionarial en los organismos públicos de investigación, así como en las universidades, y permitir un sistema de contratación de personal científico basado en contratos estables y niveles salariares similares a los de los funcionarios. Las posibilidades que ofrece la legislación actual al respecto son muy restrictivas.
  4. Se debe incrementar el de gasto público en I+D hasta un nivel que nos permita alcanzar de una vez por todas el 2% del PIB en I+D (tantas veces prometido y otras tantas negado), e incluso superar ese esfuerzo, y recuperar a más de 80.000 investigadores y tecnólogos de todos los niveles en los próximos 6 años (en menos tiempo sería muy difícil y poco creíble). Esto supondría una inversión continuada de unos 600 millones anuales en nuevas infraestructuras, como se hizo durante los años 2001 a 2008.
  5. Es necesario eliminar la confusión interesada en torno a la financiación de la CyT, haciendo explícito lo que se podría denominar “maquillaje presupuestario” para invertir menos en I+D aparentando que se mantiene la inversión o se incrementa. Asimismo, hay que establecer un sistema de movilidad real de investigadores entre las diferentes instituciones dedicadas a la investigación (universidades, OPIs, hospitales, etc.) que incremente la cooperación entre proyectos en base a criterios de efectividad científica, y que tales criterios también se extiendan a la movilidad y cooperación internacional.
  6. Por último, se debe fomentar, con una política clara, la formación de científicos y tecnólogos en el extranjero y la captación de científicos internacionales en áreas de especial interés y poco desarrollo interno.

Sistema alemán de investigación

El desarrollo científico y tecnológico tuvo un claro protagonismo en el contexto de desarrollo industrial de épocas anteriores. Y aunque pueda parecer que los cambios en la estructura productiva, el creciente peso del sector financiero y la emergencia de nuevas formas de producir bienes y proveer servicios a la sociedad han hecho disminuir la importancia del desarrollo de la CyT, lo cierto es que este binomio adopta un protagonismo renovado y creciente en la actualidad.

El Informe, del que se extrae un conjunto de conclusiones y se plantean propuestas de cómo podría mejorarse para convertirse en un verdadero factor de desarrollo social y cultural, plantea un sistema que tiene unas cifras globales importantes. Más de doscientas mil personas empleadas en equivalentes de jornada completa y en undécimo lugar mundial en número de publicaciones científicas. Pero al analizar estas cifras con detalle, se ve que en las revistas científicas con mayor influencia internacional, estos lugares de privilegio mundial caen muy por debajo de los países líderes en CyT y que, cuando este conocimiento científico se intenta trasladar al campo de la innovación para que sirva al beneficio de la sociedad española, los datos son mucho más bajos.

Este es el caso de las patentes españolas licenciadas a empresas, tanto nacionales como internacionales. La pregunta es obvia, ¿por qué un sistema de un tamaño relativamente grande no es capaz de insertarse en la economía del país, potenciándola? El Informe trata de dar una respuesta a esta y a otras preguntas para que puedan corregirse los actuales cuellos de botella que impiden un desarrollo de la CyT como base de una economía innovadora y de una sociedad culturalmente moderna, a la altura de los países más avanzados.

A tener en cuenta

 

Este Informe se estructura en nueve apartados.

 

1º   Se centra fundamentalmente en la relación de las sociedades con la ciencia, destacando la importancia de esta última en términos de desarrollo social y calidad de vida.2º   Una exposición del marco socio-histórico de la política científica moderna, mostrando a continuación la trayectoria histórica particular del sistema español de ciencia y tecnología.

3º   Descripción de la situación actual de dicho sistema desde la perspectiva de los agentes que lo conforman y sus relaciones.

4º   Financiación de las actividades de I+D+i, centrado básicamente en la financiación pública de dichas actividades, ofreciendo un análisis en profundidad de los recursos asignados a las mismas en los Presupuestos Generales del Estado y de la ejecución del gasto correspondiente.

5º   Internacionalización de la CyT a través de dos aproximaciones: movilidad internacional de los factores capital y trabajo, y la colaboración internacional, tanto en la generación de conocimiento como en el acceso al mismo.

6º   Análisis del grado de interés, conocimiento y acceso a la información científica por parte de los ciudadanos, así como su percepción y opinión sobre la ciencia y los científicos.

7º   Relación entre el avance científico-tecnológico y la competitividad económica, analizando el caso español desde el enfoque teórico de la causación circular acumulativa.

8º   Planteamiento y justificación de la necesidad de ampliar el consenso ciudadano en torno a la ciencia, proponiendo un pacto cívico en esta materia y definiendo los contenidos mínimos del mismo.

9º    Como cierre del Informe, extrae las principales conclusiones de diagnóstico y propone una serie de medidas y recomendaciones para mejorar la situación del sistema español de ciencia y tecnología.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.