Claves para rentabilizar una app sin abusar de los datos de usuarios

PrivacyCloud, empresa dedicada al desarrollo de software y prestación de servicios para la gestión de datos personales y actividades comerciales diseñadas en base a principios de privacidad desde el diseño

El floreciente mercado de aplicaciones móviles ha facilitado mucho la vida cotidiana de la sociedad, al tiempo que contribuye a la expansión del mercado publicitario. Y es que el mundo de las aplicaciones móviles es como un cajón de sastre donde puedes encontrar de todo. De mensajería, redes sociales, comida a domicilio, en fin…. algunas hacen perder el tiempo, otras son de pago y muchas se han vuelto imprescindibles para internautas de diferentes partes del mundo.  Pero dentro de la marea de apps que salen a flote, aquellas que han logrado un éxito rotundo son usadas por miles e incluso millones de personas. Tal y como apunta Forbes, por ejemplo, los jóvenes cada vez usan más apps para gestionar sus finanzas, aunque por el momento parece que los videojuegos siguen interesando más que las finanzas. Al menos, en lo que respecta al mundo de las aplicaciones móviles.

Ahora bien, todo este inmenso mundo esconde ciertos peligros. Esto es lo que recuerda PrivacyCloud, empresa dedicada al desarrollo de software y prestación de servicios para la gestión de datos personales y actividades comerciales diseñadas en base a principios de privacidad desde el diseño. Por ello plantea una serie de consejos a tener en cuenta por los desarrolladores de aplicaciones a la hora de seleccionar un modelo estable de percepción de ingresos, lo que permite a los usuarios tener un mayor control sobre sus datos personales.

Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud
Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud

“El nuevo reglamento de protección de datos pone énfasis en que sean los usuarios los que tomen el control de su propia información y sean ellos mismos quienes decidan qué datos ceder y a que organizaciones se les envía, y ésta es una premisa que a día de hoy no se está cumpliendo en el mercado publicitario digital”, señala Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud.

Aun destacando un importante nivel de negligencia por parte del común de los usuarios a la hora de aceptar condiciones de uso altamente gravosas, o consentimientos en blanco, PrivacyCloud pone el acento en el resto de agentes implicados en el mercado de las aplicaciones y la publicidad.

A estos efectos recuerda que, una vez analizados los procedimientos de las 110 aplicaciones más descargadas, la última investigación de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos reveló que éstas no solo comercializaban los datos con terceros, sino también qué tipo de información compartían. En este sentido, un 47% de las apps analizadas enviaban la ubicación de quienes las estaban utilizando, un 18% estaban programadas para mandar el nombre de los usuarios y el 16% sus direcciones de correo electrónico. A ellas se suman otras, igualmente comercializadas en el mercado español, como los listados de apps instaladas en cada teléfono móvil.

Las apps se pueden financiar con el pago por compra o suscripción, mediante un servicio adicional (compras “in-app”) o bien acudiendo al mercado publicitario para poner ciertos espacios a disposición de plataformas de comercialización de banners o anuncios. Si bien esta última fórmula es de sobra conocida y asumida por quienes optan por descargar una aplicación gratuita, constituye frecuentemente una alternativa derivada de la misma, la que mayor rentabilidad aporta: la venta de datos personales para su aprovechamiento en el enriquecimiento de perfiles publicitarios.

Esta última deriva, además de directamente ilegal (puesto que ni los datos recabados guardan relación alguna con el propósito de uso de la app, ni el consentimiento para su venta se ha obtenido de forma válida), también perjudica a la propia app, así como a los anunciantes que terminan aprovechando dicha información. ¿A quién favorece entonces? A los “data brokers”, o agentes cuyo modus vivendi es la mera intermediación para la venta a granel de dichos datos.

Con el fin de evitar esta vulneración de la privacidad del usuario y monetizar el rendimiento de la app de forma más eficaz, sin acudir a prácticas ilegales o exponerse a una multa, PrivacyCloud desvela una serie de propuestas para desarrolladores de aplicaciones:

1.- No vender los datos del usuario: se puede analizar los patrones de uso para mejorar su experiencia, y recabar información para adecuar contenidos, pero una mera aceptación de condiciones en la pantalla de instalación no da carta blanca para poner listas de apps instaladas, ubicaciones, o detalles personales en manos de terceras partes que ni siquiera están identificadas en el momento de su recabado.

2.- Evitar recurrir a un mercado publicitario ilegítimo y que no respeta los derechos del usuario: ya existen opciones para que los usuarios expongan sus datos de forma voluntaria a las empresas, pudiendo revocar este acceso en cualquier momento.

3.- Poca gente está dispuesta a pagar por sus apps: PrivacyCloud acaba de    presentar un sistema en España en virtud del cual son las marcas quienes cubren este coste a cambio de optar a una relación directa con los usuarios que opten por evitar publicidad, seguimiento, o pago. Mediante el sistema de registro iRULE, PrivacyCloud retribuye periódicamente a las apps que lo incorporan, sin requerir nuevo registro o cesión de datos personales. Esta misma solución está ya disponible para medios digitales y se está poniendo a prueba con algunas cabeceras.

“Con la aplicación del nuevo reglamento de protección de datos, la venta de información a terceros ha quedado restringida, sin embargo, los actuales sistemas de permisos en iOS y Android no informan a los usuarios de forma nítida sobre la cantidad de información que están compartiendo, ni con quién se está compartiendo”, insiste Sergio Maldonado.   

Por ello, PrivacyCloud recomienda evitar el mercado publicitario basado en datos ilegítimos y apuesta por pagar el coste a la app en función de su uso real y la disposición del usuario para establecer relaciones de confianza con empresas de su elección, en el seno de su propio entorno de gestión de datos personales.

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