Concretar proyectos en este sector exige voluntad política

Adolfo Borrero

Las ciudades se enfrentan al futuro con una actual falta de presupuestos que limita la inversión en tecnología, factor clave en cualquier proyecto que implique sostenibilidad, como las Ciudades Inteligentes. Pero el cambio de modelo hacia estas requiere, no sólo inversión en tecnología sino también una transformación del modo en el que los Ayuntamientos prestan servicios. Las preguntas son muchas. ¿Hasta qué punto esta tendencia con sus obligaciones y necesidades ha penetrado en la conciencia ciudadana, ya que sobre ellos gravitarán finalmente los efectos de este cambio?¿Son conscientes de qué supone para ellos, en qué se traduce y sobre todo, cómo deberá hacerse tangible?

Para Adolfo Borrero Villalón, presidente de la Alianza Inercia y presidente de la Comisiones de Smart Cities de CEOE y AMETIC, cuya actividad actual se centra en la consultoría de las soluciones Smart Communities y que forma parte del Comité asesor del Ministro de Industria en esta materia, esta pregunta tiene múltiples respuestas en función del segmento de población al que nos dirijamos, y se debe a que las nuevas generaciones son ya nativos digitales y mucho más demandantes que mi generación.

“Conforme avancemos en el tiempo” reflexiona, “irá creciendo la demanda de un mayor número de servicios digitales; no se entiende que cuando puedes recibir servicios de un proveedor de Internet (OTT tipo Google) inmediatamente y a cualquier hora del día, y casi gratis (pues nada es gratis), debas hacer cola tu Ayuntamiento para poner una reclamación o pagar una tasa, algo que para muchos segmentos de la sociedad resulta intolerable. También es verdad que los Ayuntamientos más evolucionados ya prestan un conjunto de servicios online bastante amplio, aunque no completo.

La falta de presupuesto para aumentar la digitalización de servicios, una realidad incrementada por la crisis, la están supliendo muchas ciudades utilizando contratos de servicios que disponen a licitación, donde ya empiezan a aparecer requisitos que obligan a introducir TICs para hacerlos más controlables, eficientes y abiertos. Se trata de encontrar modelos de negocio que sean sostenibles por parte del Ayuntamiento, como de hecho son, por ejemplo, los proyectos de Eficiencia Energética, que no sólo ahorran costes, también alumbran artísticamente los monumentos de la ciudad, conservando las prestaciones previas.

Datágora. Pero la falta de presupuesto continúa siendo el gran problema

ABV. Existen múltiples fuentes de financiación, como los fondos europeos, para ejecutar proyectos de ciudades inteligentes y que los Ayuntamientos más despiertos utilizan constantemente. No sólo hay que depender de la recaudación municipal, se debe acudir a este tipo de programas que ponen en circulación diferentes instituciones públicas nacionales. Quede claro que cuando hablamos de financiación, hay que observar el retorno, bien directo o indirecto a través de las nuevas fuentes de actividad de la ciudad, como puede ser el aumento del turismo.

En cuanto a la tangibilidad de los servicios de una ciudad inteligente, hay ya muchos ejemplos gracias a las aplicaciones de los móviles que permiten pago de transporte, reserva de aparcamiento, pago de tasas, información turística o gestión de incidencias informadas por el propio ciudadano, por citar algunas, donde el ciudadano es un usuario sensible de las mismas. Creo que hay que hacer un esfuerzo de información del resultado de otras actuaciones inteligentes que se hacen en la ciudad, como las que hacen más eficiente el tráfico, las que ahorran energía o las que disminuyen la contaminación, que no son percibidas de forma inmediata por la ciudadanía.

Datágora. Sobre la imprescindible colaboración Administración/sector privado y cara a la potenciación de las Smart Cities, ¿hasta qué punto estas bases se están poniendo, más allá de las agresivas y necesarias iniciativas de grandes empresas? Dado los momentos que vivimos ¿hasta qué punto es posible interesar y comprometer a las administraciones locales en objetivos que necesitan un desarrollo a largo plazo? ¿Qué factores políticos y socioeconómicos deben concurrir a estos efectos?

ABV. Hay actividades en las ciudades en las que las CPP se vienen implementando decenas de años, caso de los contratos concesionales de basura o limpieza de una ciudad, más actualmente los de Eficiencia Energética o en algunos casos los que evitan el fraude fiscal por perfeccionamiento del catastro, por ejemplo. Las bases están, aunque lo que más ayudaría es una reforma de la ley de contratos para actualizar las figuras de la CPP a las nuevas soluciones, pues se conseguiría potenciar mucho más la digitalización de la ciudad y sus servicios. No es sólo una cuestión de grandes empresas, hay pequeñas empresas que han desarrollado apps que están rentabilizando ahora.

 Datágora.-   En este tipo de proyectos resulta evidente que es necesaria la colaboración de toda la organización, compartir la información, la búsqueda de sinergias y una política abierta de comunicación interna y hacia los ciudadanos.  Aquí también surge un tema preocupante, la privacidad de los datos. ¿Puede convertirse este factor en un impedimento que entorpezca el entorno de las Ciudades Inteligentes, donde la interacción y las plataformas transversales generan una enorme cantidad de necesaria información?

ABV.  Este es un debate antiguo y muy relevante: ¿hasta dónde estamos dispuestos a perder privacidad por tener más seguridad?¿Cuánta privacidad queremos dejarnos por unos servicios más eficientes y atractivos? Cuando surge esta pregunta, vemos siempre a la administración como el gran hermano, pero no nos damos cuenta que cuando un proveedor de servicios de internet nos da un servicio gratis, nos hemos convertido en el producto sobre el que comerciar nuestra información privada, que vendemos por recibir un determinado servicio. Personalmente estaría dispuesto a perder parte de mi privacidad si mis datos son tratados de forma anónima. Un ejemplo: me encantaría saber cómo de colapsada está la carretera que me lleva a la playa un fin de semana. Esto puede ser posible si los móviles de quienes circulan por esa carretera están siendo captados anónimamente por un sistema de monitorización, que permita calcular los flujos y los tiempos medios de recorrido, lo que me evitará meterme en un atasco y perder el tiempo miserablemente y, de paso, contaminar menos. Daría la información de mi posición, siempre que haya garantías de que se trate de un dato anónimo.

 Datágora.- A la vista está que el gran reto es que el ciudadano se sienta partícipe y perciba los beneficios del proyecto ciudad.  Ahora bien, partiendo de que cada territorio para ser competitivo debe generar su propio modelo de Ciudad Inteligente, no parecen aconsejables las soluciones estándar. ¿Cómo y a partir de qué factores deben generarse esos mecanismos de participación?.  Sin olvidar que en España, la actual estructura organizativa y de gobierno no parece facilitar el desarrollo de las Ciudades Inteligentes. 

ABV.  Siento diferir en su apreciación, pero llevar a cabo proyectos de ciudades inteligentes no es cosa de estructuras sino de voluntad política. Prueba de ello es que en aquellos ayuntamientos donde su alcalde ha contemplado en su plan estratégico la introducción de procesos de digitalización, lo están haciendo, y con mucho éxito y percepción ciudadana. Es más, están consiguiendo atraer talento a su ciudad, creando nuevas oportunidades de trabajo especializado.

Las soluciones, desde un punto de vista tecnológico, son mejores y más robustas cuanto más estándar sean. Que se sustenten en plataformas que respondan a certificaciones y sean interoperables con otras plataformas, de manera que los datos puedan abrirse y compartirse con los de otras ciudades. La particularización de cada ciudad vendrá en aquellos procesos que se implementen sobre estas plataformas estándares, que respondan a esta adaptación del modelo con el que se quiera dotar cada ciudad, pero que respondan a modelos de datos comunes, estandarizados en todo lo que se pueda. En este sentido, el desarrollo de FIware (Future Internet) por parte de la UE, como un estándar de este tipo de plataformas, es muy recomendable para que efectivamente pueda existir la interoperabilidad entre sistemas y apps en diferentes ciudades de la UE.

Datágora. Otro tema que no parece muy claro, corroborado por empresas del sector, es el de la ciberseguridad. Que – recuerdan – no siempre se tiene en cuenta, sin embargo, que cuanto más crece el proyecto de Ciudad Inteligente, mayor es el riesgo de sufrir un ciberataque.

ABV. Mientras más grande es una plataforma, más ha tenido en cuenta las cuestiones de seguridad, porque es precisamente en las pequeñas implementaciones donde se descuidan estos aspectos. Por ello es muy importante una plataforma segura que no tenga fisuras frente a los hackers. Le daré un ejemplo basado en la tecnología “cloud», es decir, de los datos en la nube:¿qué cree que es más vulnerable para un pequeño ayuntamiento, si coloca los datos en un pequeño CPD local propio o si los sube a un proveedor de almacenamiento en la nube que tiene la responsabilidad de asegurar los de muchos clientes? Los medios y los especialistas que dispone un proveedor de servicios en la nube, son mucho más seguros y estables que los que ofrece cualquier pequeño CPD. Es como si me dice que es más seguro guardar las joyas en su casa que en la caja de seguridad de un banco, es exactamente lo mismo.

Datágora. Suele afirmarse que una ciudad inteligente necesita soluciones inteligentes. Sin embargo hay propuestas que como generar la energía en el mismo punto donde se consume,  integrando energías fotovoltaicas y sostenibles en edificios y oficinas, además de otras alternativas, parecen encontrar más dificultades que facilidades para sus implantaciones.  

ABV. Creo que se refiere a las dificultades que ofrece la actual legislación en materia de autogeneración, más que a las dificultades  técnicas de hacerlo, lo cual es cierto. Está claro que si se produce donde se consume la energía, las pérdidas de red se evitan, ya que no hay que transportar energía. Pienso que lo que se está haciendo actualmente es poner puertas al mar y que en un plazo más corto que largo, dispondremos de un decreto de balance neto cero que nos permita autogenerar lo que consumimos, e incluso vender los excedentes a la red eléctrica o almacenarlos localmente. En este sentido, uno de los usos de las baterías de los coches eléctricos, es que pueden servir de almacenamiento de los excedentes autogenerados.

 Datágora. Al ser una Smart City una ciudad que por su proximidad al ciudadano, se adapta en tiempo real a sus necesidades, se dice (Deloitte) que podrá significar un estímulo para otros sectores, promoviendo un mayor dinamismo económico, que repercuta en la creación de nuevos puestos de trabajo. De ser así, ¿en qué sectores y en qué especialidades podrían crearse estos puestos de trabajo?  ¿Cuáles serían las ocupaciones de mayor cualificación más demandadas? 

ABV. Hay muchas áreas de conocimiento que se verán favorecidas por el nivel de inteligencia de una ciudad y se generarán puestos de trabajo especializados que requerirán el desarrollo y mantenimiento de la inteligencia, desde redes de datos, sensores, aplicaciones, provisión de nuevos servicios, cultura, arte, etc. Creo que una ciudad inteligente aprovechará mucho más sus infraestructuras y las facilitará a sus ciudadanos abriendo sus bases de datos para la aparición de nuevos servicios actualmente desconocidos. Ya hemos detectado una necesidad inmediata en los perfiles más técnicos y en los creativos, íntimamente ligados a la digitalización, son los que se derivan de la industria de los contenidos digitales, cada vez más demandados en las ciudades más inteligentemente evolucionadas. En esta industria, muy cercana a las Smart Cities, AMETIC ha elaborado un estudio en el que una de sus principales conclusiones, es que se podría llegar a hasta 700.000 puestos de trabajo en 2017 en esta industria. Está claro que muchos trabajos deberán reconvertirse gracias a que se automatizarán servicios como lectura de contadores o del flujo de tráfico o labores manuales que se hacen actualmente en centros de control. Pero para aprovechar esta magnífica oportunidad de crecimiento profesional hay que preparar a nuestra población no solo en el uso de la tecnología, sino también en el desarrollo de la misma y de sus contenidos. Y estamos sólo al principio de este camino…

 

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