¿Cuánto tardará el pago digital en desplazar al pago en efectivo?

Hacia una sociedad sin efectivo

El pasado 26 de junio la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, inauguró en Oviedo el II Congreso Mundial de Destinos Turísticos Inteligentes y, tras señalar que esta red constituirá un foro de encuentro, cohesión e intercambio de buenas prácticas sectoriales, planteó algunos desafíos, inmediatos e ineludibles. Una serie de nuevos retos como, por ejemplo, el proceso de transformación que implican las nuevas tecnologías, e insistió en cómo para hacerles frente; “el Gobierno de España apuesta por una transformación del modelo turístico español basado en la innovación, tecnología, sostenibilidad, accesibilidad y gobernanza. Ejes que son precisamente los pilares clave en el desarrollo de los destinos turísticos inteligentes”.

Por ello, desde el Ministerio se quiere impulsar una Estrategia Nacional de Destinos Turísticos Inteligentes que promueva que los destinos se configuren como espacios turísticos innovadores consolidados sobre una infraestructura tecnológica de vanguardia que garantice el desarrollo sostenible del territorio turístico. Además, esa infraestructura debe ser accesible para todos, facilitar la interacción y la integración del visitante con el entorno, mejorar su experiencia en el destino e incrementar la vida de los residentes.

Una postura que – en líneas generales – ya fue planteada en su momento por la CEOE en su Plan Digital 2020. Tras subrayar que España ostenta una posición de liderazgo mundial en turismo (2º puesto), reconocida por el Foro económicos mundial de Davos, tanto en número de turistas recibidos como en términos de gasto turístico, se insistía en lo fundamental que resulta la aplicación de tecnologías digitales en esta actividad, que incluye a los diversos sectores o subsectores de empresas de servicios turísticos que forman parte de ella.

En cuanto a estrategias y objetivos, el Plan hace especial hincapié en la necesidad de aplicar las nuevas tecnologías digitales para incrementar la competitividad de esta importantísima actividad para la economía española, así como para desarrollar una oferta innovadora, reforzando la propuesta de valor para clientes y usuarios. Una propuesta compuesta por una decena de medidas/objetivos, entre las que destacan, digitalizar la base de las Pymes turísticas y ayudarlas en su digitalización, ya que ellas son y serán las generadoras de información, valor y contexto (movimientos de innovación y tecnificación sectorial de abajo arriba).

Se insiste además en fomentar la financiación de proyectos de I+D del sector turístico, de productos innovadores y de proyectos de internacionalización; apoyar y fomentar el desarrollo de herramientas de digitalización masiva, incorporando el plano digital en el día a día de los profesionales y en incentivar la adopción de soluciones digitales que faciliten la venta, marketing y servicio, soluciones digitales móviles, Big Data y soluciones pago.

Con la imparable digitalización de monedas y billetes, dentro de una década asistiremos a la desaparición del dinero en efectivo

¿En qué punto nos encontramos?

Conviene preguntarse cuál es la situación de España, concretamente de su sector turístico, frente a las nuevas tendencias. Para empezar, España arranca con una buena base estructural. De acuerdo con el informe de Telefónica “Sociedad Digital en España 2017”,  en torno al 85% de los españoles son usuarios de Internet y el 83,4% de los hogares están conectados a Internet. Esto no significa que la mayoría de los españoles estemos totalmente capacitados para trabajar en la sociedad digital, pero en lo que respecta a infraestructura nuestro país dispone de un alto nivel.

Pero conviene recordar que España es líder en el despliegue de fibra hasta el hogar. Solamente en nuestro país, con más de 18 millones de hogares con fibra, hay más clientes de fibra hasta el hogar o FTTH (Fiber To The Home),  que en Alemania, Reino Unido, Francia e Italia juntos.  Hay que subrayar también que España está entre los países que registran un mayor crecimiento de fibra (período 2012-2016).

Dentro del comercio electrónico adquieren cada vez mayor relevancia las compras online realizadas desde dispositivos móviles. Se esperaba que en 2017 el comercio electrónico móvil representara en España el 36% del total de compras online. En dicho año, las ventas a través de móvil subieron un 29%, frente al 14% que hicieron las compras desde el ordenador. No obstante, las previsiones apuntan a que la tablet es el dispositivo que más crece, con un aumento del 50%.  Hay que tener también en cuenta que, con frecuencia, el proceso de compra incluye varios canales, ya que los españoles utilizan 1,4 dispositivos de media para el comercio electrónico. En otras palabras, el 32% de los usuarios utiliza más de un dispositivo para adquirir bienes y servicios.

Estas cifras evidencian una utilización cada vez más intensiva de dispositivos móviles en sus operaciones de comercio electrónico. Un campo abonado para el crecimiento de las operaciones con dinero electrónico, afirma un experto. Basta con observar la escalada del comercio móvil, ámbito en el que las apps se convierten para las empresas en una gran oportunidad para incrementar el número de consumidores. También las webs adaptadas al formato móvil son efectivas formas de convertir usuarios en transacciones. A estas hay que sumar las plataformas de mensajería y los chatbots, demandados por el 35% de los usuarios globales y que se antojan como oportunidades para el comercio electrónico en un futuro no muy lejano.

Un interesante informe de Roland Berger, con el patrocinio de Siemens, titulado “España 4.0. El reto de la transformación digital de la economía”, subraya que “para el sector turismo analizado (compendio de” players” de hostelería, operadores, agencias de viajes tradiciona­les, agencias de viaje online) constituye el perfecto ejemplo en el que la digitalización del usuario transfor­ma el modelo de negocio del sector, no una sino dos veces. La información online a disposición del cliente rompió la posición dominante de las agencias de viajes y trajo la desintermediación a un sector en el que el individuo interacciona con múltiples “players”. La fuerte competencia, los avances tecnológicos y la evolución del usuario ha empujado hacia una nueva re-interme­diación en la que players online con una fuerte reputa­ción B2C (buscadores online, agencias online) son aho­ra los líderes de la industria”.

Otro aspecto único del sector turismo en el que este estudio insiste, es la percepción de la transformación digital como una herramienta para aumentar los ingresos de la empresa (con un 57% de los encuestados), y es el único sector en el que nadie percibe la digitalización como una herramienta para bajar los costes. Es además el sector que tiene un ma­yor porcentaje de procesos internos digitalizados (86%), y el que menos resistencia al cambio ofrece (sólo un 29% de las empresas lo consideran un obstá­culo para la digitalización).

La tendencia es la eliminación del dinero en efectivo y su reemplazo por el pago digital

Vaticinios y realidades

¿Y cuál está siendo y/o será la reacción sectorial frente a una sociedad prácticamente sin efectivo? Recordemos que diversos analistas vaticinan que, debido a la imparable digitalización de monedas y billetes, dentro de una década asistiremos a la desaparición del dinero en efectivo en casi todo el mundo. Euromonitor International por ejemplo, recuerda que “2016 fue el primer año en el que la cantidad de dinero gastado con tarjetas fue mayor que con efectivo. Desde entonces la evolución ha sido incesante”.

Desde que en 1950 irrumpió en el mercado la tarjeta de crédito (Dinner’s Club, el mundo de los medios de pago tradicionales inició una nueva tendencia. Tendencia que comenzó a despegar cuando en 1958 el Bank of America puso en circulación la primera tarjeta bancaria o bankamericard (que luego cambió su nombre a como la conocemos hoy: tarjeta VISA), cuya generalización hizo que esta forma de pago fuera tan aceptada como el dinero. Para ello la entidad facilitó más de 60.000 tarjetas de crédito entre los habitantes de la ciudad de Fresno, en California. Fue entonces cuando comenzó a hablarse de “dinero de plástico”, que pronto sustituiría en buena parte del mundo a billetes y monedas tradicionales, en restaurantes, tiendas, aeropuertos, estaciones, hoteles…

Más de cuatro décadas más tarde y tras consolidación de las TIC en los mercados, especialmente la telefonía móvil, comenzó a plantearse que quizás era el momento de empezar a considerar la eliminación del dinero en efectivo y su reemplazo por el pago digital. Pagar con las tarjetas de crédito y débito, que ya se encuentran ampliamente extendidas, posibilidad a la que se están sumando cada vez más las apps de pagos electrónicos, como PayPal, y los pagos móviles. Además, parecen entrar en juego las criptomonedas, aunque su futuro es incierto y sus beneficios están en debate continuamente.

Argumentos a su favor hay muchos. Para empezar, los sectores más avanzados en digitalización son aquellos que suelen estar más cerca de los clientes. Es decir la banca, el comercio, las empresas de telecomunicación, el turismo, las compañías de transporte, entre otros.

Aquí puede añadirse la postura del economista Kenneth Rogoff que en 2016 plasmó en su libro “La maldición del efectivo”. Centrado en los perjuicios del uso de papel moneda, su argumento base es que la utilización de billetes hace a las sociedades más pobres, menos competitivas, promueve la corrupción, los mercados negros y la evasión fiscal. Como conclusión, proponía una gradual reducción del dinero en efectivo, con una inicial desmonetización de los billetes de más alta denominación y un período de gracia indefinido para los billetes de menor valor.

Conceptualmente planteó tres beneficios iniciales de un proceso de desmonetización.

Primero. Dificulta la corrupción en el sector público, pues cualquier pago a un funcionario queda registrado electrónicamente. Esto sucede ya sea mediante el registro de los bancos en que se realice, o idealmente en una cadena de bloques pública (blockchain) que almacena el historial de transacciones de la divisa (como en el caso de las criptomonedas).

Segundo. Los mercados negros e ilegales se hacen más complejos de ocultar. Si bien se han advertido grandes innovaciones en la organización de redes de corrupción, la eliminación del dinero en efectivo dificulta el soborno ordinario y el comercio de productos ilegales, cuya enumeración es infinita. La desmonetización además, dificulta la evasión fiscal, pues facilita a las entidades tributarias el seguimiento del patrimonio empresarial y, como consecuencia, la identificación del fraude fiscal.

Tercero. Implicaría un inevitable proceso de capitalización de los bancos, pues todo el dinero que se encuentra atesorado y ocioso en la economía (bajo el colchón), pasaría a formar parte de la hoja de balance de alguna institución financiera.

Las ventajas de una sociedad sin efectivo resultan en principio bastante evidentes, a lo que puede agregarse la posibilidad de que veamos un fiel reflejo sobre el movimiento y flujo del dinero, permitiendo a los gobiernos un  control mayor de la economía, evitando por ejemplo la inflación.

Cara a nuestro turismo, habría que agregar el tema de los pagos internacionales, ya que por su digitalización, serían universales y más sencillos. Al visitar otro país no tendríamos que andar cambiando dinero para obtener la moneda local.

Las ventajas de los pagos electrónicos son evidentes para la sociedad

Hacia una sociedad sin efectivo 

A comienzos de 2009, Cecilia Skingsley, vicegobernadora del Riksbank (Banco Central de Suecia), anunció el retiro del billete de 1.000 coronas, el de mayor denominación del país. Objetivo, reducir el número de transacciones efectuadas con dinero en efectivo. El proceso fue exitoso, y con el reciente impulso de la aplicación de transferencias electrónicas “Swift”, la utilización de dinero en efectivo se redujo a únicamente un 2 % de las transacciones realizadas en la economía escandinava.

Niklas Arvidsson, profesor del Real Instituto Tecnológico KTH y experto en sistemas de pago de Suecia, indica que “las transacciones electrónicas son más rápidas y cuestan menos en general, y hacen que el sistema de pago sea más eficiente”. También señala que “es un poco más difícil en general que la gente se salga con la suya [no] pagando impuestos o haciendo pequeños robos sin efectivo”.

El hecho es que hemos asistido a una evolución incesante. En 2015, por ejemplo, en Reino Unido los pagos con tarjeta superaron el efectivo por primera vez. De manera similar, el mayor banco comercial de Noruega, DNB, inició en el 2015 la transición hacia una operación libre del dinero en efectivo. Paralelamente, en Dinamarca, Bélgica, e incluso Estados Unidos, la tendencia es similar y apunta hacia la gradual eliminación del uso de papel moneda en el futuro próximo.

Ante diversos ejemplos y con el apoyo de las cifras estadísticas, la nueva tendencia gana terreno. La apuesta por los pagos digitales podría provocar que dentro de tan solo 5 o 10 años vivamos en una sociedad sin efectivo, indican los más optimistas. Sin embargo diversos estudios y análisis insisten que no es un camino fácil por los grandes cambios que esto supone, por el necesario apoyo de los gobiernos que a su vez tienen una mezcla de dudas y esperanzas al respecto, y por las posturas que puedan tener sectores como el turismo o la banca entre otros. Aunque a largo plazo su casi completa desaparición parece inevitable, y no solo por la comodidad que supone.

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