Cuidado con los que recopilan opiniones personales sin consentimiento

Los españoles empezamos a mostrar una mayor preocupación ante el uso inapropiado, opaco e incluso ilegal de las nuevas tecnologías.

Cuando el pasado mes de marzo se destapó el escándalo de Cambridge Analytica, no solo implicó a Facebook en la fuga masiva de datos de sus usuarios – con todo lo que esto significa -, sino que también quedó en evidencia que esos datos fueron empleados en las campañas de las elecciones presidenciales de EE.UU. y del brexit, lo que introdujo una dimensión política y añadió complejidad al asunto de la privacidad en Internet.

Este hecho ha sido especialmente destacado en el informe Sociedad Digital en España 2018 de Telefónica, que advierte que tenemos más predisposición que otros países a ceder nuestros datos personales para recibir servicios hiperpersonalizados basados en la inteligencia artificial. Esto por una parte, ya que por otra el informe subraya que una de las tendencias que aparecen reforzadas este año en el informe es que los españoles empezamos a mostrar una mayor preocupación ante el uso inapropiado, opaco e incluso ilegal de las nuevas tecnologías. Preocupación por la privacidad, que tuvo una respuesta legal con la entrada en vigor en mayo del Reglamento General de Protección de Datos.

En efecto, en 2018, dos circunstancias  contribuyeron a aumentar el debate público en torno a los datos personales. Por una parte, en mayo pasó a ser de obligado cumplimiento el Reglamento General de Protección de Datos, y en noviembre el Parlamento español aprobó la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos.

La información extraída del análisis de datos es de gran utilidad

En todo caso el informe de Telefónica muestra que la preocupación por la privacidad y la ciberseguridad se ha incrementado: cuanta más vida digital desarrollemos en entornos conectados, más importante será para las y los usuarios garantizar unos umbrales mínimos de seguridad. Sin ella, el desarrollo del comercio electrónico, las comunicaciones entre personas o incluso el uso de las nuevas potencialidades generadas por el internet de las cosas y por el 5G se verán limitadas.

Partamos de la base que en este ámbito las empresas siempre han utilizado información objetiva y cuantificable para generar sus bases de datos de clientes o posibles clientes, como localización, contactos, nivel adquisitivo o compras, variables perfectamente medibles a partir de las que sacar conclusiones. Pero es una tendencia que poco a poco está cambiando. De hecho, la compañía PrivacyCloud  (cuyo objetivo es permitir a los usuarios tener un mayor control sobre sus datos personales)  advierte que los datos subjetivos, como las opiniones de los usuarios, ideología o gustos personales, son cada vez más valorados por las empresas, cambiando por completo la tendencia de recolección de información. Este tipo de prácticas supone un peligro para la privacidad del usuario.

Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud
Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud

“La necesidad de contar con un perfil de cliente cada vez más preciso ha llevado a las empresas a registrar las opiniones y juicios personales que los usuarios muestran cuando navegan por la red, vulnerando en ocasiones su privacidad”, afirma Sergio Maldonado, CEO de PrivacyCloud. “No cabe duda de que la información extraída del análisis de datos es de gran utilidad para la toma de decisiones en todos los sectores, pero es importante que los datos recolectados cuenten con el consentimiento del usuario”, insiste.

El problema comienza cuando la industria del Big Data comienza a demandar bases de datos bien construidas a cualquier precio, por lo que la vida personal de los usuarios debe estar completamente detallada y representada. Buscando cumplir este objetivo, en muchas ocasiones se recopila información a costa de vulnerar el derecho a la intimidad y vida privada del usuario. Esta tendencia por aproximarse y conocer al consumidor mediante la recolección de datos sobre sus sentimientos, gustos, ideología, etc., trasgrede la privacidad y expone al usuario a técnicas ilegitimas de recopilación de datos, como los acuerdos de privacidad abusivos o la venta ilegal de información.

Muchos usuarios piensan que no ocurre nada porque un tercero posea información sobre su vida, pero deben tener en cuenta que una vez que se genera un dato y queda registrado, ya no se puede recuperar. Los datos se almacenan para utilizarse en estudios y análisis, que por regla general, no producen beneficios a los usuarios que los cedieron.

Sin embargo, el principal peligro reside en que es una información que se almacena sin fecha de caducidad, es decir, se guarda pero nunca se elimina.  Esto hace que los datos sean un bien muy peligroso, que tarde o temprano se utilizará contra del usuario, especialmente cuando se trata de opiniones personales o ideológicas, ya que puede perjudicar o generar un agravio al usuario en un futuro.

Ahora bien, teniendo en cuenta que los datos sobre los consumidores son un valor al alza muy codiciado por las empresas, que recopilan información completamente personal sobre los consumidores y que la variable tiempo juega en su contra, resulta una tarea difícil para el usuario mantenerse protegido. Fruto de este problema nace WeRule, la app que actúa como cartera de datos personales, manteniendo un único perfil para registrarse y acceder a múltiples servicios de noticias, entretenimiento, o transporte. Así entonces, permite a los usuarios decidir directamente qué datos ceden y a quiénes lo hacen, de este modo se fomenta una relación directa y personal entre las empresas y el público al que se dirigen, permitiendo al usuario no solo ver qué plataformas recopilan sus datos, sino también controlar y decidir qué información sobre su vida es la que va a quedar expuesta.

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