Diseñar ciudades transitables para personas y no para coches

Calle-congestionada
Cortesía de Thyssenkrupp

Las recientes restricciones de tráfico en el centro de Madrid impuestas por los altos niveles de contaminación existentes, al margen de las polémicas ciudadanas que van desde la incomodidad  de quienes no tiene más remedio que desplazarse en coche hasta los que la consideran “una decisión puramente ideológica”, ponen de relieve una vez más un problema casi endémico en nuestro país, sobre todo en su capital: la falta de medidas de fondo para luchar contra la contaminación urbana.

El caso es que no se trata de un problema pequeño, ya que a la contaminación la OMS le atribuye unas 30.000 muertes al en España y unas 400.000 en Europa, por lo que ya parece imprescindible fomentar otro tipo de movilidad como el uso intensivo del transporte urbano, la bicicleta, los coches eléctricos… Porque el problema es global. La ONU ya advirtió que para 2050 más de 6.000 millones de personas (un 70/75% de la población del globo) vivirá en ciudades, las que, pese a ocupar algo más del 2% del territorio mundial, consumen más del 75% de los recursos y energía, generando el 80% de las emisiones responsables del efecto invernadero. En su mayoría apuntarán cada vez más a utilizar mejor los recursos públicos y explotar los activos naturales de forma consciente y responsable, ya que todas las aglomeraciones urbanas presentan diversos retos, sus retos.

Sobre todo cuando la tendencia hacia las ciudades inteligentes comienza a dar sus primeros pasos. De hecho Madrid está abordando problemas de tráfico, polución y servicios públicos con un enfoque único de uso de los datos digitales que arranca (o debe arrancar) de los ciudadanos, por lo que se impone que se sitúe al ciudadano en el centro, evitando así la trampa de las tecnologías desligadas de las personas.

Pero el escenario está claro, una ciudad que se plantea la sostenibilidad luchará siempre por un entorno más verde y adecuado a sus habitantes. Pero, al mismo tiempo, el crecimiento económico continúa generando una mayor presión que obliga a que haya más transporte (de todo tipo), lo que provoca atascos en carretera, estrés, pérdida de tiempo y la contaminación del aire.

¿Pueden las ciudades equilibrar estas tendencias tan enfrentadas? Intentos hay de todo tipo, además de medidas generales para reducir el tráfico, algunas experimentan con días o zonas sin coches. Frente a tan complicado problema que demanda soluciones urgentes, URBAN HUB de Thyssenkrupp ha analizado proyectos de todo el mundo, cuyos ejemplos bien podrían contribuir a unos entornos urbanos no tan dominados por los coches.

Durante más de medio siglo – subraya -, los urbanistas se han centrado en diseñar ciudades adaptadas a los coches en detrimento de las personas. Pero, antes de que hubiera coches, las calles servían como espacio para reuniones sociales donde se daban cita los vecinos, los vendedores ambulantes distribuían sus mercancías y los niños jugaban. ¿Un mundo con menos coches?

La idea principal detrás del movimiento de peatonalización es que debemos replantearnos la planificación urbana y empezar a diseñar ciudades para personas y no para coches. Los defensores de la peatonalización afirman que menos coches implican menos estrés y un uso más eficaz de nuestro tiempo, por no hablar de un aire más puro y unas ciudades más atractivas, lo que en última instancia beneficiaría a las empresas.

URBAN HUB - Thyssenkrupp proyectos destinados a contribuir a unos entornos urbanos no tan dominados por los coches

Sin embargo, cabe destacar que las zonas peatonales no funcionan tan bien cuando la legislación de urbanismo exige que los distritos sean exclusivamente residenciales o comerciales. Este tipo de zonificación compartimentada hace que la vida sin coches sea muy poco práctica. Las zonas sin coches funcionan mejor en zonas de uso mixto en las que se pueda llegar a pie prácticamente a cualquier sitio. Para ello URBAN HUB señala tres vías y sus ejemplos:

  1. A) Reducción de coches/ Obtención de la aprobación del público

La mayoría de las ciudades comprenden que tiene sentido ir paso a paso. Y ya existen buenos ejemplos. El enfoque adoptado por Tallin, capital de Estonia, consistió básicamente en hacer los coches menos atractivos haciendo que el transporte público fuera completamente gratuito. Su vecina Helsinki (Finlandia) está trabajando en un sistema de movilidad bajo demanda punto a punto diseñado para reducir los beneficios de poseer un coche privado.

Gante (Bélgica) también avanza hacia un modelo sin coches y está haciendo del respaldo público una prioridad. Por este motivo, la ciudad ha lanzado el proyecto Living Street («Calle viva»), con el que los residentes pueden solicitar el corte de parte de su calle al tráfico durante unos meses y descubren soluciones individuales para aparcar y medios de transporte alternativos, como las bicicletas eléctricas y las «bicicletas de reparto».

Barcelona (España) está experimentando con un plan de reducción del tráfico muy interesante que se basa en gran medida en unas superilles o «supermanzanas» muy cómodas para los peatones. Las supermanzanas se pueden crear, por ejemplo, eligiendo una sección cuadrada de una ciudad compuesta por nueve manzanas (como un lado de un cubo de Rubik) e impidiendo el tráfico en la zona. De esta forma, la zona de la supermanzana es mucho más apta para los peatones.

  1. B) Experimentar con días sin coches

En ocasiones no solo se trata de devolverles la ciudad a los peatones. Reducir la cantidad de coches puede ser necesario también para la salud pública. Cuando París alcanzó unos niveles peligrosos de contaminación atmosférica, la alcaldesa convocó un día sin coches de emergencia, lo que supuso una mejora inmediata. De ahí ha surgido la iniciativa Paris Respire («París respira»), que establece zonas sin coches por todo París los domingos y festivos de forma periódica. No basta para solucionar el problema, pero es un paso.

Más allá de Europa, en Bogotá (Colombia) se cierran unos 122 kilómetros de carreteras públicas al tráfico una vez a la semana. Es lo que se conoce como «Ciclovía», una práctica que lleva funcionando desde los años 70. Y Suwon (Corea del Sur) está allanando el terreno para una mayor peatonalización en Asia. La ciudad llevó a cabo con éxito un experimento en el que los habitantes pasaron todo un mes sin coche.

  1. C) Establecer zonas sin coches

¿Pueden las ciudades establecer zonas sin coches de forma permanente? Numerosas ciudades de todo el mundo cuentan ya con zonas peatonales, pero suele ser una única zona en el centro. No obstante, lo que reclama la peatonalización es que haya muchas más zonas de este tipo, hasta el punto de que en las ciudades vuelva a predominar la actividad humana y no el tráfico de vehículos.

Algunas ciudades ya han experimentado un gran éxito: Gante cuenta ahora con una zona peatonal de 30 hectáreas. Otras siguen haciendo los preparativos. Oslo (Noruega) y Madrid (España) planean prohibir los coches por completo en el centro de la ciudad para 2019 y 2020, respectivamente.

Pasillo de aceleración ACCEL

A modo de conclusión

Está claro que prohibir los coches no es apropiado en muchas situaciones. Alternativas peculiares como las «cápsulas sin conductor» de Singapur podrían ser una buena medida para reducir nuestra dependencia de los coches, así como otras soluciones de transporte como el Segway, los coches sin conductor y la práctica de compartir coche.

En conjunto – concluye URBAN HUB – , estas soluciones conforman el transporte multimodal que necesitamos para satisfacer las necesidades de la sociedad. No hay que deshacerse de los coches, sino hacer que otras opciones resulten más atractivas. El pasillo de aceleración ACCEL es una opción desarrollada por Thyssen para ampliar el alcance de los metros y cubrir los últimos cientos de metros que a menudo hacen que nos decantemos por los coches. Este es un singular y revolucionario sistema de velocidad elevada entre antiguos y nuevos destinos, terminales y estaciones, que promete acceso puntual al transporte público casi desde la puerta de casa, lo que permite dejar el coche en casa y ahorrar tiempo, recursos y estrés.  Es el único sistema de transporte que reduce la marcha cuando los pasajeros suben y bajan, pero acelera a la mitad. Una serie de sensores garantizan una marcha fluida, segura y, sobre todo,  continua.

 

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