El proceso de creación de aplicaciones móviles no debe olvidar el impacto medioambiental

El proceso de creación de aplicaciones móviles no debe olvidar el impacto medioambiental

En 1992 y a través de la Union of Concerned Scientists, científicos de todo el mundo lanzaron una «advertencia a la humanidad» sobre los peligros que amenazaban al medio ambiente, advertencia que contó con el aval de 1.700 expertos internacionales. Entre las amenazas clave figuraban el calentamiento global, las crecientes emisiones de carbono, las prácticas agrícolas insostenibles, la deforestación, la reducción de las fuentes de agua dulce y la pérdida de vida marina. Pero al igual que tantas advertencias de este tipo, no han tenido mayor impacto político ni socioeconómico, hasta ahora. En efecto, pese a que casi tres décadas más tarde casi todas las principales amenazas al medio ambiente se han incrementado bastante, últimamente – nunca es tarde – comienzan a soplar vientos de cambio. Sobre todo en el mundo industrial y en el sector terciario, ámbito preferente para utilización de TIC.

Ahora bien, dado que los procesos de fabricación de equipos van unidos a un intensivo consumo de energía, que también produce un impacto negativo en el medio ambiente, ha sido preciso centrarse en en el campo energético. Dado que la principal fuente de generación de electricidad sigue siendo la quema de combustibles fósiles, generando dióxido de carbono que contribuye a aumentar la temperatura global y, por tanto, acelerar el cambio climático, es aquí donde se han concentrado gran parte de los esfuerzos.

Según diversos informes, es en el sector terciario donde la emisión de CO2 generada por el consumo de energía eléctrica cobra especial importancia. Desde el control del gasto de luz, de la temperatura ambiente, del gasto energético de los ordenadores,  el del uso de la impresora, incluso el “stand bay”… partidas que figuran normalmente en la contabilidad de una empresa. Pero además, el consumo de energía por puesto de trabajo en una oficina supone unos 8.000 kWh/año. Una cantidad que – según coinciden diversas estadísticas – es el doble de lo que un trabajador consume en su vivienda. Esta utilización de energía provoca la emisión de unas 4 Ton CO2/año, emisiones que equivalen a las absorbidas por casi 3 hectáreas de bosque, que son la que se necesitan para eliminar el CO2  que generamos desde nuestro puesto de trabajo. Tema que por lo demás es bastante conocido.

El consumo de teléfonos inteligentes representa el 11% del consumo de energía digital

Ahora bien, ¿hasta qué punto se tiene en cuenta el consumo que las aplicaciones móviles en estas evaluaciones?.  Un reciente informe de Atos y la Startup Greenspector revela que la utilización de las aplicaciones móviles consume tanta energía como Irlanda. Casi nada. Para ello, el estudio ha valorado el consumo energético del “Top 30” de las aplicaciones móviles más populares del mundo.

Hay que tener en cuenta que este en impacto creciente en el consumo energético y el medio ambiente en términos de técnicas de recursos (RAM, CPU, datos, etc.), hasta qué punto las aplicaciones móviles utilizadas por 5.000 millones de usuarios móviles en todo el mundo impactan en forma creciente en el consumo energético y el medio ambiente.

«El consumo de teléfonos inteligentes (incluida la fase de uso y la de fabricación) representa el 11% del consumo de energía digital según el proyecto Shift. A menudo culpamos a nuestros teléfonos inteligentes por no ser lo suficientemente autónomos, pero es la aplicaciones instalada en el teléfono inteligente la que consume y degrada la capacidad de la batería con el tiempo«, dice Thierry Leboucq, presidente de Greenspector.

Thierry Leboucq, presidente de Greenspector.
Thierry Leboucq, presidente de Greenspector.

Si bien los centros de datos a menudo son culpados de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector digital (que representarán casi el 10% de las emisiones globales para 2025), las aplicaciones móviles no se quedan atrás, como se muestra en el estudio realizado por Greenspector para Atos: el consumo anual de las aplicaciones móviles (excluyendo el uso de redes y servidores de centros de datos) es equivalente a 20 teravatios/hora, casi el equivalente al consumo anual de electricidad de un país como Irlanda (5 millones de habitantes).

Correos, mensajes, redes sociales, navegadores, etc. Se midieron, en condiciones idénticas, 7 categorías comprendidas en 5 de las aplicaciones. Entre estas categorías, la navegación web y las redes sociales utilizan de promedio más energía que los juegos o las aplicaciones multimedia. La relación incluso sería de 1 a 4 entre las aplicaciones de menos consumo y aquellas de un consumo más intenso de energía.

Ahora bien, el desafío es cómo hacer que las aplicaciones móviles sean más sencillas y pudiesen tener consecuencias más positivas en el impacto medioambiental. Si la aplicación promedio se basó en la aplicación de mejor clasificación en su categoría, el consumo de energía podría reducirse en 6TWh, el equivalente a una unidad nuclear. A nivel de usuario, un mejor consumo de energía de las aplicaciones aumentaría la autonomía de los teléfonos inteligentes en un tercio.

Trabajando juntos en el diseño ecológico de soluciones de software, Atos y Greenspector se han asociado, con la publicación de este informe, para tener en cuenta el impacto medioambiental desde el principio del proceso de creación de aplicaciones móviles. Hoy presentan la primera herramienta accesible en la nube para medir el consumo de energía de aplicaciones, sitios web y, en breve, IoT.

«Con esta alianza, Atos tiene una solución industrial que integra un sistema de medición en su plataforma de diseño para reducir los recursos de energía utilizados, al tiempo que ofrece un rendimiento y tiempos de respuesta mejorados para el usuario final«, concluye Steve Péguet, Director de Innovación de Atos Francia.

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