España en los Índices mundiales de preparación para la transformación digital

Por Juan Mulet Meliá
Dr. Ingeniero de Telecomunicación

La evolución de la actual sociedad está fuertemente condicionada por un abanico de tecnologías nuevas en los campos de la información y la comunicación, de la biología, de la energía y de los materiales avanzados, y también por asombrosas combinaciones entre ellas. Pero esta evolución se está realizando aprovechando las ventajas de la “revolución digital”, que comenzó en la década de los 70 del siglo pasado con la electrónica digital, y se reforzó con la expansión de las TIC durante el resto del siglo y que continúa en estos días. Por esta razón, hoy preocupa la capacidad que han alcanzado  los diferentes países en el proceso que se viene llamando su “transformación digital”. Una transformación que debe tener lugar en los modelos de negocio, en las prácticas administrativas, y en la vida diaria de los ciudadanos.

Acelerar su transformación digital es ya un objetivo para todos los países, de aquí que haya un interés en medir su posición relativa mundial, y su capacidad para acercarse a la situación de los que se consideran más avanzados. No es una cuestión simple, pero si necesaria para definir políticas públicas y empresariales correctas que aumenten sus cotas de desarrollo económico y social.

Desde hace algunos años, se están publicando rankings basados en la evaluación de los aspectos que se consideran relevantes del progreso de la transformación digital.  La metodología utilizada para confeccionar estas listas  es siempre muy parecida. Eligen indicadores generalmente aceptados y en ocasiones incluyen encuestas de opinión entre expertos, y los combinan a su conveniencia para crear índices sintéticos parciales, que son combinados de nuevo para dar un valor a su índice sintético global. Se llega así a unas medidas relativas que buscan aventurar la distancia entre las capacidades de  los países.

El índice generado por la Unión Internacional de Telecomunicación (International Telecommunication Union- ITU), conocido como el ICT Development Index (IDI), pretende evaluar la calidad de la infraestructura de comunicación del país y el potencial uso que se hace de ella. En él tiene también un pequeño peso  el nivel de educación  de la sociedad, que es medido de forma muy somera. En este ranking, España ocupaba en 2017  la posición 27 de los 176 países integrados en la ITU. Concluye que España tiene un mercado de telecomunicaciones competitivo y bien desarrollado con altas tasas de penetración para servicios fijos y móviles, y que continúa dando prioridad al despliegue de redes de alta velocidad. Es verdad que las posiciones anteriores a la española están ocupadas por los países más avanzados del mundo, y que el valor del índice español es solo un 7% inferior al de Alemania y un 5% menor que el de Estados Unidos. Sin duda España ha realizado ya una aceptable inversión.

Otros índices colocan a España en posiciones mucho peores, porque intentan evaluar su capacidad real para hacer un uso social y económicamente provechoso de estas tecnologías. Así el índice sintético que calculaba en 2016 el Global Information Technology Report del World Economic Forum (WEF), colocaba a España en la posición 35 y el del World Digital Competitiveness de IMD en la posición 30, en 2017. Más interesante es analizar la posición española en los diferentes subíndices que calculan estos Informes, porque muestran más claramente las deficiencias españolas y pueden indicar vías para mejorar. En habilidades digitales de la sociedad, España ocupa la peor posición, la 57. Su indicador evalúa la calidad del  sistema educativo español especialmente en las disciplinas STEM, que no queda compensada por el alto porcentaje de la población matriculada en enseñanza secundaria. También asignan a España  posiciones altas, y por lo tanto malas,  cuando evalúan la calidad de su Regulación, número 47, y cuando analizan a la utilización empresarial de estas tecnologías, número 43. En el otro extremo más positivo están el marco tecnológico, la disponibilidad de las infraestructuras, penalizadas por los más altos precios de acceso,  las actitudes frente a la adopción de nuevas tecnologías o la investigación científica con puestos que van desde el 23 al 29.

Quizá una síntesis de lo que ocurre en España es el único valor preocupante que muestra el índice IDI de la IUT, que está en un 40% de la media europea. Se refiere  al uso promedio de todos los enlaces internacionales de internet (cables de fibra óptica, enlaces de radio y el tráfico procesado por estaciones terrestres satelitales y telepuertos a los satélites orbitales) expresado en kbit/s por usuario de internet. Lo que indica que el uso real de estas tecnologías en aplicaciones de alto valor económico es solo un 60% de lo que aprovecha la media europea.

En resumen, puede decirse que España ha hecho una razonable inversión para equipar y operar sus redes, pero que queda todavía preparar a su sociedad, tanto en su vertiente  productiva como cultural, para aprovechar el potencial de desarrollo económico y social de las nuevas tecnologías. Habrá que empezar por nuestro sistema educativo y continuar por aquellos caminos que supongan un incentivo para que ciudadanos y empresarios recurran a estas tecnologías. Regulaciones y legislaciones adaptadas a la nueva realidad y la formación continua aumentarían la agilidad de la economía española para adaptarse al siglo XXI.

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