Hacia la descarbonización de la economía

Descarbonización de la economía

El recientemente presentado informe Análisis y Propuestas para la Descarbonizaciónelaborado por la Comisión de 14 Expertos nombrada por el Consejo de Ministros, a propuesta de los grupos parlamentarios, sindicatos y patronal,  plantea un interesante y realista análisis sobre las posibles y urgentes propuestas que permitan contribuir a la definición de la estrategia española para la Transición Energética. Pero además intenta ofrecer una serie de claves para desarrollar la estrategia de descarbonización de la economía española mediante la Ley de Cambio Climático y el Plan de Energía y Clima, temas sobre los que ahora toca trabajar.

El Gobierno lleva años anunciando una ley de Cambio Climático y la oposición por su parte, otros tantos reclamándola, por lo que ya es el momento de ponerse de acuerdo para que España pueda llegar a la cumbre de la ONU en diciembre, con una hoja de ruta para cumplir con el Acuerdo de París. Por lo tanto cabe una gran responsabilidad a los  grupos parlamentarios en la concreción de la planificación energética y fiscal de la próxima década, cumpliendo con los compromisos asumidos de lucha contra el cambio climático, inspirando el debate para el desarrollo de políticas que, por ser de gran calado y a largo plazo, requieren un amplio consenso.

De las dos normas que asesorará este documento, la más avanzada es la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, cuyo borrador se cerrará, previsiblemente, en las próximas semanas tras pasar por la comisión interministerial que lo estudia. Según fuentes consultadas por Efe, la ley pasará en breve por el Consejo de Ministros y, tras el informe del Consejo de Estado y un periodo de información pública, llegará al Parlamento antes del cierre estival, para su debate en otoño.

El momento es más que preocupante. Basta con ver algunos datos de la reciente cumbre de Bonn, “las emisiones mundiales de dióxido de carbono procedentes de los combustibles fósiles y la industria aumentarán aproximadamente un 2% en comparación con el año anterior, con un rango de incertidumbre sobre la contaminación atmosférica de entre el 0,8 y el 3%, tras tres años manteniéndose relativamente planas”.

El cambio climático provocado por las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero, causarán un daño irreversible a la Tierra.

O un breve informe de la BBC que subraya: “Más de tres millones de personas mueren cada año a causa de la polución y es especialmente un problema en las zonas urbanas: solo una de cada 10 personas vive en una ciudad que cumple con las directrices de calidad atmosférica de la OMS”.

Con esas y otras cifras (ejemplos sobran por todo el mundo), más de 15.000 científicos de 184 países han suscrito el documento Advertencia de la comunidad científica mundial a la humanidad: segundo aviso, donde alertan de que se acaba el tiempo para evitar “un daño irreversible” a la Tierra debido a la trayectoria del “catastrófico” cambio climático provocado por el hombre por las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero.

Conviene recordar que para impulsar una avanzar en la estrategia de descarbonización – uno de los grandes objetivos de la UE -, las instituciones europeas ya aprobaron en 2007 unos objetivos concretos en materia de desarrollo de energías renovables y de eficiencia energética a cumplir en el año 2020, objetivos que se asignaron a los diferentes Estados miembros. Todo el esfuerzo desarrollado a lo largo de los últimos años por los países europeos en estas materias ha estado orientado al cumplimiento de estos objetivos.

Ahora bien, el  esfuerzo para lograr una “descarbonización de la economía” resulta francamente colosal y requiere de cambios en las estrategias y comportamientos por parte de todos los agentes: ciudadanos, actores económicos y gobiernos, lo que ha dado lugar al debate sobre la denominada “Transición Energética”, esto es, cómo se puede abordar el reto de transitar hacia una economía que apenas emita CO2, ya que, en otras palabras, el carbón no tiene lugar en un sistema energético sostenible y habrá que actuar en consecuencia.

El carbón no tiene lugar en un sistema energético sostenible

Éste es, sin duda, uno de los retos principales al que nos enfrentamos en el siglo XXI. Los cambios que se van a requerir tienen implicaciones sobre el conjunto de la economía,  pero, principalmente sobre el sector industrial (en el que la energía es un factor productivo fundamental), el sector del transporte (responsable en la actualidad de la cuarta parte de las emisiones de GEI de origen antropogénico), el sector residencial (a través de los sistemas de calefacción y de acondicionamiento de aire) y, por supuesto, sobre la generación de electricidad.  La descarbonización de la economía constituye un impresionante reto socioeconómico ya que, además de presentar una serie de riesgos que deben ser correctamente gestionados,  significa también importantes oportunidades para toda la sociedad.  Todo ello sin olvidar sus efectos a la hora de potencias las iniciativas de la ciudad inteligente.

En otras palabras, descarbonizar la economía puede constituir una gran oportunidad para la creación de empleo para aquellos países que la afronten claramente, ya que podrán beneficiarse de este proceso si son capaces de orientar sus políticas de I+D+i hacia estos sectores y si además, disponen de una mano de obra adecuadamente formada para adaptarse a los cambios tecnológicos que vendrán de la mano del proceso de esta transición y que deben ser aprovechadas. En este sentido, sería deseable que nuestro país supiera aprovechar las oportunidades del reto medioambiental en beneficio del crecimiento económico, del bienestar de la sociedad y de la creación de empleo.

También es necesario asegurar que se realizan las inversiones en eficiencia energética supuestas por el modelo (y económicamente rentables) para el resto de los sectores finales.  Hay que recordar, además, que si el objetivo de reducción de emisiones para 2050 fuera del 95%, esto supondría básicamente llegar casi hasta una descarbonización completa del sector energético, y podría ser conveniente un esfuerzo algo mayor de reducción en 2030. Los objetivos son claros, otra cosa es alcanzarlos.

Porque, tal como recuerda un interesante informe de Deloitte: Existen grandes incertidumbres en el tránsito hacia un modelo descarbonizado, por lo que necesitamos políticas sólidas y flexibles durante la transición. El importante volumen de las inversiones a realizar, los largos plazos de recuperación de las mismas y la incertidumbre sobre cuándo ciertas tecnologías estarán suficientemente maduras (en prestaciones y costes) para su despliegue masivo, requieren una transición inteligente. Esta transición ha de garantizar el cumplimiento eficiente de los objetivos a largo plazo y la adaptación a la evolución de la tecnología y de los costes”. Un modelo energético sostenible para España en 2050. Recomendaciones de política energética para la transición”.

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