Hacia la inteligencia de las ciudades del futuro

Javier Méndez, Director del Gabinete Técnico del Colegio de Aparejadores de Madrid

Colegio-Aparejadores.-Javier-Méndez

En 2050 un 60% de la población se concentrará en macrociudades y el crecimiento económico y demográfico tendrá un impacto medioambiental y social sin precedentes si no se toman medidas drásticas. Son datos de la OCDE y reflejan uno de los grandes retos de las sociedades del futuro, la transformación de las urbes. Para hacerla realidad, es esencial generar, coordinar y racionalizar de forma correcta los recursos de las grandes ciudades, así como implantar la digitalización en todas las estructuras y servicios.

Es por eso que cada vez hablamos más del concepto Smart City y consiste en hacer inteligentes a las ciudades. ¿Cómo? A través de una mayor eficiencia, sostenibilidad y eficacia de todos sus recursos. Una ciudad inteligente es aquella que utiliza las renovables como fuente de energía principal, que cuenta con medios de transporte y vehículos eléctricos, que reutiliza los residuos, que tiene edificios y fábricas automatizadas y sostenibles,  que es accesible en su totalidad y está pensada por y para aumentar el nivel de  confort y calidad de vida de sus ciudadanos. Una definición  ambiciosa que precisará de organización y priorización de necesidades diversas.

La digitalización es clave para conseguirlo porque nos permitiría generar modelos de previsión mucho más eficaces a la hora de gestionar nuestras ciudades. Gracias a ella, se podrá dar forma a la e-Sanidad, que tendrá una cobertura universal a los ciudadanos con mejores herramientas y en un menor tiempo, o modelos de recuperación de energía, entre otras muchas cosas

Plan-nacional-de-ciudades-inteligentesPor todo ello, no hay duda, las ciudades del futuro tienen que ser inteligentes y es algo que está cada vez más presente en las agendas. En España ya se ha creado un Plan Nacional de Ciudades Inteligentes con un presupuesto de 152,9 millones de euros. Incluso algunas ciudades españoles ya son un auténtico modelo a seguir, como Málaga, que ha puesto en marcha un proyecto con el objetivo de conseguir un 20% más de ahorro energético, una reducción de emisiones de más de 6.000 toneladas anuales de CO2 y aumentar el consumo de energías renovables.

Santander es también un buen ejemplo. El proyecto SmartSantander, cofinanciado por la Unión Europea, pretende colocar a esta ciudad cántabra en el mapa mundial de las ciudades inteligentes. Se han instalado más de 12.000 sensores de medición que obtienen datos como el nivel de CO2, nivel de emisión de ruido, humedad relativa, o el nivel de tráfico para generar mejores modelos de predicción. Además cuenta con aplicaciones que informan en tiempo real de plazas de aparcamiento, próximas paradas de taxis u ocupación de las bibliotecas.

Asimismo, las grandes urbes, Madrid y Barcelona, cuentan con programas relacionados con las Smart Cities, centrados en la mejor utilización de la energía, en un transporte más eficiente y en una óptima gestión de los residuos, la limpieza y mantenimiento de zonas verdes.

Las ciudades responsables son la clave para una sociedad sostenible que responda a los grandes retos que se presentan hoy día. Una mayor capacidad de innovación y mejores tecnologías son la clave para demostrar la viabilidad de las Smart Cities, como ya están haciendo estas ciudades españolas.

Y en ese proceso de hacer inteligentes las infraestructuras para incrementar la calidad de vida de sus ciudadanos y conseguir mayor eficiencia de sus recursos, la edificación también juega un papel fundamental. Las construcciones presentes en las Smart Cities deben combinar las nuevas tecnologías, la domótica y las energías renovables. En otras palabras, tienen que ser proyectos ecológicos y en los que se controlen los gastos y la completa realización de cada parte y el trabajo de cada colaborador, y además se limite el impacto medioambiental.

Todo esto es la Modelización Parametrizada BIM (Building Information Modeling). Una nueva metodología que permite construir edificios cada vez más integrados en el entorno gracias a la posibilidad de la vigencia del proyecto mantenido y actualizado en el tiempo, inteligentes, energéticamente eficientes. En su gestión se pueden prever los materiales, los usos y los gastos, además de hacer un seguimiento diario de cada inmueble o instalación, gracias al manejo fácil y rápido de una gran cantidad de datos.

De esta forma, BIM imita el proceso real de construcción y crea un edificio virtual y tridimensional a través de un programa informático que incluye los procesos arquitectónicos y constructivos, los materiales, las instalaciones, las estructuras e incluso la información sobre sostenibilidad. En él se pueden coordinar los arquitectos, aparejadores, ingenieros y cualquiera que trabaje en la concepción y construcción del edificio, lo que hace más eficiente todo el proceso.

Las ciudades del futuro están llamadas a ser inteligentes, porque es la única forma de garantizar su viabilidad y supervivencia. Y aunque el futuro parezca lejano, es primordial que empecemos a sentar las bases y que iniciemos el proceso de transformación cuanto antes. El futuro no nos puede pillar por sorpresa.

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