Hay que trabajar con realismo y partiendo de lo que se tiene

Por Daniel Garrido Castelló.
CEO Asociación “APEX-Nacional”

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Aunque las cifras suelen variar un poco, la realidad es innegable. Al día de hoy el 50% de la población mundial vive en ciudades y en el año 2050 será el 70%. Un 70% concentrado en ciudades, muchas de ellas megaciudades como Songdo (Corea del Sur), Singapur, se habla de Copenhague, Dublín… Otras ciudades se construirán partiendo de cero. Si casi la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades, y para el año 2050 se alcanzará ese 70%, ¿en qué tipo de ciudad viviremos?

Ha llegado el momento, dicen los expertos, de empezar a diseñar entornos urbanos más inteligentes. Las nuevas ciudades necesitan albergar a una población cada vez mayor y en las que vivimos ahora, necesitan modernizarse. Esto nos plantea uno de los retos más importantes de nuestro tiempo: conseguir que las infraestructuras existentes sean más eficientes e integren cada vez más fuentes de energía renovables, se potencie el ahorro energético, consiguiendo una producción, distribución y consumo más eficientes, especialmente en los edificios. Como estos son los responsables del 40% del gasto de la energía mundial, si se equipasen con las soluciones adecuadas podrían ser mucho más sostenibles. Sólo así podríamos conseguir un equilibrio entre generación y demanda.

Sin embargo no veo a las Smart Cities como algo a corto y medio plazo, motivo por el que algunos pronósticos me parecen algo utópicos. Pero está bien plantearse ese horizonte, aunque en la mayoría de los casos me parece una intención política a corto plazo para lograr beneplácitos, por sus costos. La gestión que supone todo ello requiere que los primeros que publicitan el interés por esta anunciada bonanza, tengan conocimiento y capacidad de gestión a estos efectos. Pienso que el tema está aún muy verde. Y lo está porque en estos momentos lo que veo aún más difícil en esta gigantesca propuesta es la financiación. Nadie me ha aclarado cómo se va a hacer ni a gestionar.

Por ello creo que, si lo que se pretende es lograr una ciudad realmente habitable y sostenible, deberíamos comenzar por el principio. Es decir, centrarnos más en una vía más realista e inmediata como la recuperación de edificios y rehabilitación de barrios. Cuando un edificio recupera su aspecto exterior y se actualiza la normativa desde un punto de vista de reducción del consumo de energía, gestión de la distribución energética, gestión del agua… igualmente contagia en positivo al barrio. Por lo tanto el barrio como fractal de la ciudad contagia en positivo la ciudad. La hace más vivible.

Digo esto porque – como ya he manifestado en diversas ocasiones – sólo se podrá lograr con la colaboración público/privada, ámbito en el que sigue existiendo una barrera fundamental: todos quieren ganarlo todo. En el marco de esta relación/colaboración la empresa debe entender que aquí hay un fin social, que una parte del dinero de esta operación se debe contemplar en beneficio de la comunidad y no se puede exprimir hasta lo último. La parte pública debe entender que la privada, para seguir prestando ese servicio durante mucho tiempo, debe ganar dinero suficiente como para obtener un margen y poder subsistir como empresa.

Hay que ser realistas. Hay lo que hay y los medios que hay. Maquiavelo escribió “puesto que uno debe partir de la situación actual, sólo puede trabajar con el material que dispone”. Aunque era otra época, me parece un planteamiento totalmente vigente.  Hablo respaldado por casi tres décadas trabajando en la rehabilitación. Desde mediados de los años 80, cuando no se mencionaba prácticamente este tema. Es que ni siquiera se tocaba como asignatura. Tengamos en cuenta que el técnico es quien aporta el conocimiento básico para desarrollar la construcción base y que una ciudad como hecho urbanístico, no se forma desde el punto de vista de la rehabilitación, sino de la generación del nuevo perfil de la ciudad.

No olvidemos además, que España cuenta con un parque residencial en su mayoría obsoleto en cuanto a calidad constructiva y eficiencia energética. Veamos algunos datos de WWF España 2017. “Un 75% de las 18 millones de viviendas construidas entre 1960 y 2007, no cumplen con ninguna regulación sobre eficiencia energética en los edificios (1969-1979) o bien cumplen con unos niveles de eficiencia y habitabilidad muy bajos en comparación con los estándares de confort de hoy en día. Además, la población española está cada vez más envejecida.. En 2015 el porcentaje que superaba los 65 años era de 16,5% y, se estima que para 2029 este porcentaje alcanzará el 25% de la población del país, y en algunas provincias superará el 30%”. Tengamos en cuenta que este grupo social es muy vulnerable a los fenómenos climáticos extremos ya que presenta el mayor grado de mortalidad de todos los grupos etarios.

Durante muchos años hemos construido edificios para satisfacer la demanda ocupacional acorde a peticiones movidas por diversos intereses, en los que la mayoría de las veces sus habitantes no han tenido poder de decisión. Así no extraña que tengamos enormes aglomeraciones de edificios.  Y en esa línea seguimos. No pensar en el mantenimiento ni en la actualización y mejora de lo que existe. Es el perfil de la economía capitalista que es lo que tenemos en la cual lo importante es producir, producir, producir…Este no es un mercado en el que la edificación se recicla. Que lo que hay que hacer es actualizar, porque la demolición y tirar a la escombrera para volver a construir normalmente en las mismas condiciones nos pasará factura algún día.

Nosotros planteamos la recuperación de los barrios que existen. Queremos la mejor urbanización que exista. Creamos los avances y potenciación de los barrios que existen y llevamos trabajando en ello de forma especializada desde el año 1997. Comenzamos a trabajar en este mundo en el que prácticamente no se hablaba de eficiencia energética de la edificación. No existía este concepto tal vez porque las Administraciones públicas estaban muy concentradas en el desarrollo de nuevo suelo, muy presentes en las nuevas promociones privadas o público/privadas o simplemente públicas, que a su vez desarrollaban nuevos edificios habitacionales, de equipamiento, etc.

Una expansión que en muchos casos se ha hecho bien, pero en otros y creo que en la mayoría de los casos se ha perdido la personalidad de la arquitectura autóctona. En España da igual una promoción en Bilbao que en Sevilla, similares en sus objetivos. Ganar aceleradamente el dinero construyendo un producto que lo que se pretende es venderse de la forma más rápida posible. Una especie de engaño, porque hemos dejado de lado lo que existía, que se ha ido degradando, ha sido de una u otra forma la consecuencia de una economía de consumo acelerado.

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