Hay vida laboral después de los 50 años

El talento senior representa en la actualidad un activo vital del que nuestro país no puede prescindir

Diversas estadísticas (de la EPA y otras organizaciones) publicadas recientemente, constituyen un buen arranque para reflexionar e incluso plantearse una breve comparativa sobre el desempleo de más de un millón de profesionales españoles de más de 50 años de edad, conocidos como “seniors” y que, pese a las repercusiones sociolaborales y económicas que generan, no parece estar prestársele demasiada atención. Personas cualificadas sí y muchas de muy alto nivel, pero que a causa de su edad aunque también por su coste – no lo olvidemos -, son consideradas prescindibles en la empresa.

La gran pregunta aflora una vez más. ¿Hasta qué punto puede evaluarse con cierta exactitud el precio que la economía de un país tiene y/o tendrá que pagar por seguir expulsando y/o prescindiendo en su mercado laboral de trabajadores entre los 50 y 65 años – por cualificados que estos sean?. En algunos ámbitos de nuestra economía esta interrogante viene planteándose desde mediados de los años 90, cuando el momento económico impulsó las jubilaciones anticipadas o los simples despidos vía reducción de plantillas.

A juzgar por las cifras, el momento de este gran colectivo empieza a ser crítico, por lo que algunos datos del INE correspondientes al primer trimestre de 2018 por ejemplo, debieran considerarse con mayor atención. En efecto, si bien el número de jóvenes en paro menores de 25 años bajó en 42.900 personas durante este período, la desocupación se incrementó en cambio en 51.600 personas entre aquellas de 25 a 54 años, y en 20.700 personas entre los de 55 y más años, lo que viene a sumarse al casi millón de parados en el tramo de edad entre 45 y 54 años. Esto sin olvidar el medio millón sin empleo que ya ha pasado los 55 años, franja que según los sindicatos, en solo diez años, su tasa de desempleo se ha incrementado en un 322%.

Según una encuesta de la Fundación Adecco, un 61% de los parados mayores de 55 años no ha sido llamado ni para una entrevista de trabajo. “Cuando tienes 45 o 60 años parece que ya no sirves, y es al contrario. La experiencia que tiene una persona es muy valiosa, es el principal activo que se tiene a esas edades. Una experiencia que también puede servir a los más jóvenes para arrancar en el mercado de trabajo” comentaba recientemente a Antena 3 un desempleado de larga duración.

SAVIA, proyecto social sin ánimo de lucro que se ha convertido en el punto de encuentro entre el talento “senior

Globalmente hablando, dadas sus características sociolaborales y consecuentes repercusiones económicas, este inmenso colectivo de “seniors” se enfrenta a un futuro  a corto plazo bastante oscuro. En un mundo en que el cambio se acelera permanentemente y las personas se enfrentan a diario a la incertidumbre de redefinir una y otra vez su papel en la sociedad. El problema se agudiza cuando su vida laboral y posibilidades en este campo disminuyen por factores de edad, que es cuando surge la gran duda, cómo adaptarse a nuevos mundo laborales en los que ya no se dispone de la continuidad del conocimiento de sí mismo que hasta hace poco otorgaba una carrera o un oficio.

Mientras tanto, el cambio de paradigma de la última década que continúa regenerando drásticamente el escenario empresarial. Todo esto unido a que las propias corporaciones aún no tienen clara su estrategia de adaptación a la cuarta revolución industrial, y la todavía complicada situación económica en algunos sectores, que termina casi por cerrar la puerta a estos profesionales.

Es obvio que si la digitalización ha abierto nuevos horizontes con el consiguiente impacto  en el panorama laboral, se debe fundamentalmente a tres causas. Nuevas tecnologías que han propiciado enormes cambios con una transversalidad desconocida, generando una disolución incesante de industrias y ocupaciones, algunas de ellas caracterizadas por su vulnerabilidad al desplazamiento tecnológico. En segundo lugar, una progresiva adaptación de productos y servicios a necesidades particulares. Como tercer punto, el impacto de la globalización, pero no el régimen de comercio mundial y flujo de capitales que ya conocemos, sino que la difusión global e imparable de nuevas tecnologías.

Esto y otros factores han generado un preocupante panorama socio laboral que a la larga está repercutiendo negativamente sobre la economía, por lo que la Fundación Endesa  decidió promover un urgente cambio cultural en este inmenso colectivo desvinculado prematuramente de sus trabajos. Dado que el talento “senior” representa en la actualidad un activo vital del que nuestro país no puede prescindir, la Fundación se ha propuesto aportar soluciones efectivas a la optimización de dicho talento desde dos dimensiones. Para ello se ha planteado: la necesidad de estos profesionales por seguir trabajando y aportando a la sociedad, y además, la necesidad que existe en el mundo empresarial, especialmente en grandes  empresas, Pymes, startups y ONGs, de captar y contar con este talento.

Carlos Gómez-Múgica, director general de Fundación Endesa
Carlos Gómez-Múgica, director general de Fundación Endesa

“En este contexto, consideramos que es una obligación social y nuestra responsabilidad, pero también gran oportunidad para el tejido empresarial, trabajar para mejorar la empleabilidad y el retorno al mercado laboral de aquellos profesionales que mejor lo conocen”  manifiesta Carlos Gómez-Múgica, director general de esta organización. “Tenemos la responsabilidad y un reto por delante de conseguir la mejora de la empleabilidad de todos estos profesionales, con el fin de que vuelvan a dar y aportar todo el talento que tiene a las empresas, que sin duda impulsará la actividad empresarial en España”,

Convencida de la urgente necesidad de cambiar esta realidad, hace poco más de dos meses la Fundación Endesa llevó a cabo el lanzamiento de SAVIA, proyecto social sin ánimo de lucro en la que la Fundación máshumano es socio colaborador, aportando su actividad centrada en cuatro ejes de actuación: educación, formación para el empleo, medioambiente y cultura. El proyecto se encuadra dentro del área de formación para el empleo.

Desde un principio y actuando como HUB digital, la plataforma SAVIA se planteó inspirar cambios culturales en el marco del tejido empresarial español, al mismo tiempo que busca convertirse en el punto de encuentro entre el talento “senior.   Los resultados hablan solos. Tres meses después de su lanzamiento, SAVIA ya cuenta con 30.000 usuarios únicos, con más de 7.000 “seniors” registrados y cerca de 200 organizaciones dadas de alta en la plataforma, según indican sus impulsores.

“No olvidemos que el talento “senior” representa en la actualidad uno de los activos más importantes de los que dispone nuestro país. Hablamos de profesionales de más de 50 años que han adquirido, gracias a su larga experiencia profesional, el talento que muchas empresas necesitan a día de hoy”, subraya Borja Prado, Presidente de Fundación Endesa. “Creemos en la importancia de impulsar proyectos que fomentan las oportunidades y creemos que el aprendizaje y el emprendimiento son claves para fomentar el talento, por eso lanzamos SAVIA, para apoyar a ese millón de personas mayores de 50 que se encuentran en riesgo de exclusión”.

Dentro del esquema de colaboradores de SAVIA, recientemente se ha incorporado Randstat España como colaborador de referencia en materia de empleo, aportando cada día sus más de 4.500 vacantes de empleo. La empresa incorpora, además, el conocimiento del mercado laboral a través de los estudios e informes que realiza desde su centro de estudios y análisis, Randstat Research, y desde la perspectiva social, gracias a la actividad de Randstat Valores.

“Con esta iniciativa social se da un paso más allá en la atención a un problema clave de las empresas y de la sociedad. SAVIA da respuesta a una inquietud social que existe en las personas mayores de 50 años, que quieren permanecer activos en el mercado de trabajo, aportando toda su experiencia y conocimiento en proyectos de muy diversa tipología”, añade la directora de la Fundación Randstat, María Viver.

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