La “economía naranja” se consolida en Latinoamérica

La economía naranja abarca a las industrias culturales y creativas, en disciplinas como la arquitectura, la artesanía, las artes audiovisuales, el diseño gráfico e industrial, la moda, la música, los servicios digitales y el software

La creatividad como motor de innovación, puede contribuir a la diversificación como herramienta necesaria para contar con una economía competitiva a nivel mundial basada en el conocimiento. En el ámbito latinoamericano, una de estas áreas de desarrollo es la denominada economía naranja, que, según la definición del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), comprende un conjunto de actividades operando como economía de escala que permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios, y cuyo valor puede estar basado en la propiedad intelectual.

Todo ello coincide plenamente con los objetivos de la Expo Internacional Especializada, uno de los cuatro modelos de exhibiciones que controla  The Bureau International de Expositions (BIE) organización intergubernamental que vigila y regula exposiciones mundiales desde 1931. Estos cuatro modelos de eventos que regula el BIE, son: Expos Mundiales, Expos Internacionales Especializadas, Exhibiciones Horticulturales y la Trienal de Milán. Cada una de estas opciones en su campo, constituye un medio excelente para concentrar y llegar a grandes audiencias, constituyéndose en un punto de encuentro en el que líderes de opinión, expertos, “influencers”, sociedad civil y representantes políticos puedan trabajar juntos.

 

La Expo Internacional Especializada, evento que se celebra cada cuatro años y que para Latinoamérica supondrá un formidable empuje, además de la apertura de nuevos caminos a las economías nacionales y regionales, es la razón por la que Buenos Aires se ha postulado para convertirse en la sede de la próxima “Expo Internacional Especializada 2023”. Su  candidatura fue presentada el pasado mes de diciembre con el tema “Ciencia, Innovación, Arte y Creatividad para el Desarrollo Humano”. Como fondo, las industrias creativas en la convergencia digital.

Esta iniciativa- que por vez primera se llevará a cabo en un escenario latinoamericano – se encuadra dentro de las políticas de Estado necesarias en aquellos países para motivar  a los emprendedores jóvenes. Como fondo su ambicioso objetivo, empoderar a los trabajadores creativos instándolos a ser innovadores, a buscar nuevos modelos de negocios que fortalezcan las economías en procura de mejor calidad de vida de los pueblos.

Alejandra Luzardo -Oficina de Relaciones Externas del BID
Alejandra Luzardo -Oficina de Relaciones Externas del BID

Alejandra Luzardo (de la Oficina de Relaciones Externas del BID),  recuerda que la “economía naranja” se considera como “uno de los referentes más relevantes en lo que respecta a economías creativas y contribuirá a la rentabilidad del conocimiento en América Latina”. Un universo que se divide en dos partes: a) la economía cultural y las industrias creativas, en cuya intersección se encuentran las industrias culturales convencionales; y b) las áreas de soporte para la creatividad.

En recientes declaraciones, Luzardo ha recordado que “el talento y la creatividad no sólo constituyen  insumos principales”, hacen al desarrollo sostenible y que, en ese contexto, la región suramericana “está en condiciones de dar pasos importantes para generar riqueza, crear puestos de trabajo, aportar para el desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida”.

​En ese contexto, la Expo BIE se orienta a impulsar múltiples actividades creativas entre las que se encuentran la moda, el diseño en todas sus facetas, la música, la animación, la TV en todo tipo de soportes, el desarrollo de APPS, los videojuegos, el cine, la publicidad, la industria info comunicacional con claras características de transversalidad y la constitución de grupos creativos multi y transdisciplinarios.

Hay que tener en cuenta que las industrias culturales y creativas (ICC), que aportan sustancialmente a novedosas formas de empleo sostenibles en el conocimiento avanzan en Latinoamérica en general – y en Argentina en particular -, apoyándose, entre otras fortalezas en conceptos tales como el crowdsourcing, la responsabilidad social empresaria (RES), la economía colaborativa, la filantropía… pero apoyándose en vectores comunicacionales múltiples como lo son la redes con características y usos sociales en todas sus categorías.

​Conviene recordar también que la iniciativa no sólo se proyecta a partir de la necesidad concreta de innovación regional y local, sino que se encuadra además dentro de los 17 Objetivos para el Desarrollo Sustentable (ODS) contenidos en la que se conoce como Agenda 2030, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), propusiera en septiembre de 2015 y a los que Argentina adhirió.

Economía naranjaSegún una reciente publicación del BID, en América Latina y el Caribe, es posible identificar más de 400 innovaciones tecnológicas de alto impacto social dentro del sector de las industrias creativas y culturales que van desde el diseño de indumentarias inteligentes, pasando por la artesanía, los medios, la arquitectura, el software, los desarrollos digitales entre otros, en Jamaica, Dominicana, Perú, Chile, México, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Uruguay y Argentina.
​La propuesta – que seguramente generará debates e intercambios positivos- contiene la suficiente cantidad de disparadores que alejan la discusión social de los encuadres tradicionales que hacen a la creación de empleos de calidad o “decente”, como los denomina formalmente la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

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