La era del capital social

Por Manuel Torres Managing Director, Sector Público, Accenture Strategy

“Ya hemos estado aquí, y todo puede resolverse de modo parecido”, parece decirnos Ryan Avent, editor de Economía de The Economist, al analizar en este libro “La riqueza de los humanos. El trabajo en el siglo XXI”, los grandes retos a los que se enfrenta la sociedad contemporánea. Y, en efecto, la Humanidad ya ha transitado por momentos históricos en los que las relaciones económicas se han visto fundamentalmente alteradas, ya sea por la introducción de nuevas tecnologías, por nuevos modelos de organización del trabajo, o por el descubrimiento de nuevas fuentes de recursos y la apertura de nuevos mercados. Pero, ¿es el periodo actual sustancialmente similar, por ejemplo, al de la Revolución Industrial? Y, lo que sería quizá más importante, ¿podemos aplicar hoy lo aprendido entonces con el fin de mitigar los inevitables costes de transición?

Ryan Avent encuentra numerosas similitudes: la aparición de nuevas tecnologías de aplicación general, la máquina de vapor entonces, la inteligencia artificial hoy, incrementan la productividad allí donde se apliquen, reducen la intensidad del trabajo necesario para producir bienes y servicios, lo que los abarata y origina nuevas oportunidades de negocio y nuevos empleos; todo ello conduciría, finalmente, a un incremento general del bienestar.

Como ya ocurrió en el Manchester victoriano, las habilidades y experiencia de numerosos trabajadores pierden valor, obligándoles a buscar nuevas ocupaciones y habilidades. La abundancia relativa del factor trabajo conlleva un descenso de los salarios; esta reducción, en el caso de la Revolución Industrial, se prolongó durante décadas, hasta que la nueva economía absorbió dicho exceso.

Avent señala que estos desajustes desencadenaron conflictos sociales y políticos, en los que las distintas alternativas batallaron por definir e imponer las instituciones que finalmente sustentarían el nuevo modelo productivo industrial. Pero la gran pregunta de Avent es si la analogía entre ambos procesos históricos abarca su capacidad de crear una mejora general de las condiciones económicas para el conjunto de la población.

La riqueza de los humanos de Ryan AventDurante la Revolución Industrial, el cambio tecnológico generó un crecimiento económico sostenido. Las cruentas luchas por la distribución del excedente no se dilucidaron, al menos en las economías desarrolladas de Occidente, hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo del estado de bienestar. Por el contrario, la Revolución Digital podría no generar un incremento general de la productividad y de los salarios. Si a ello unimos la intensa redistribución de la renta hacia colectivos de menor propensión al consumo, la digitalización podría verse atrapada en un “estancamiento secular”, como señalan Paul Krugman o Larry Summers. Desactivar esta combinación temible debería ser el papel principal de las nuevas instituciones sociales que realicen la promesa de la digitalización y para ello, la reconsideración de los mecanismos de redistribución de la renta destacan como un elemento clave para su éxito.

Aquí Ryan Avent argumenta que la Revolución Industrial se fundamentó en la inversión en medios de producción por parte de los poseedores del capital, y en el desarrollo de nuevas habilidades manuales de carácter repetitivo por parte de los trabajadores. La Revolución Digital se fundamentaría en la aplicación de trabajo cognitivo en tareas fundamentalmente relacionados con el tratamiento de la información y en el desarrollo colectivo de un “capital social” diferenciado, entendido éste como un “saber hacer contextual compartido por un colectivo suficientemente grande de individuos” que permitiría a determinadas organizaciones hacer las cosas de manera diferente.

La atribución de una importancia destacada al desarrollo del capital social como factor diferencial del éxito en la economía digital, refuerza la concepción de la generación de riqueza como un fenómeno eminentemente social fuertemente influido por el marco institucional en el que se desenvuelve; sin embargo, el concepto requeriría por parte del autor de una delimitación más precisa que nos permitiese profundizar más en sus orígenes y desarrollo.

No obstante, si Avent tiene razón, garantizar el acceso a las redes de generación de capital social de una población capacitada para el trabajo cognitivo podría ser la nueva batalla social de nuestro Siglo. Desde la posición de Avent, “realista y activamente idealista”, esperemos que, esta vez, se trate de una batalla incruenta, preludio de un mundo más rico, más feliz y más justo.

Publicado originalmente en “Fundación Telefónica” (21 Marzo de 2017) https://aspen.fundaciontelefonica.com/resena-la-era-del-capital-social/

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.