La ingeniería informática es garantía de empleo (II)

Datágora. En una sociedad cada vez más competitiva una de las obligaciones de los trabajadores TIC es incrementar constantemente su formación profesional. ¿Pero hasta qué punto un master (coste mínimo 2.500 euros si es online y 6.000 si es presencial) constituye una “cierta” garantía a la hora de encontrar trabajo y/o de proyectarse en su vida laboral?

JPP.   Como he dicho, los estudios muestran una fuerte correlación entre nivel de estudios y empleabilidad y salarios. Es muy importante que la impaciencia que todos hemos tenido como jóvenes en relación a los estudio no nos lleve a tomas decisiones equivocadas. La famosa pregunta de “¿Y esto para que me sirve?”, que surge en primaria y se hace más difícil de llevar en secundaria o universidad, no debe hacernos confundir el bosque con los árboles. Un ingeniero en informática es formado para implementar soluciones basadas en la tecnología informática (esto es en definitiva la esencia común de todas las ingenierías), podrán cambiar los lenguajes, y habrá muchas innovaciones en el equipamiento y en las aplicaciones, pero el conocimiento de base de ingeniería informática, gestión de proyectos, optimización, innovación, resolución de problemas, adptabilidad, flexibilidad, etc., siempre estarán ahí y marcarán la diferencia a medio y largo plazo en la trayectoria y promoción profesional.

De hecho y muy al contrario de lo que algunos piensan, el alto grado de innovación de una disciplina no resta valor a su formación reglada, sino que la incrementa. Esta afirmación tiene su mejor ejemplo en la medicina, donde formación continua y reciclaje profesional son también esenciales, como ocurre con la informática, donde una formación universitaria potente es el cimiento clave para una trayectoria profesional sólida y más aún para que el conjunto del sistema sanitario funcione de modo cohesionado, estable y confiable. Dejar los estudios de informática es un error que la mayoría de los profesionales que lo cometen lamentan en cuanto pasan la primera fase de su evolución laboral. El problema surge cuando se trata de enmendarlo algunos años después, es que se convierte en una tarea ardua y me temo que en muchos casos imposible de conciliar a nivel laboral o personal. Conclusión, hay que animar a los jóvenes a que finalicen sus estudios reglados de informática a nivel de formación profesional o de la universidad y, si mientras quieren compatibilizarlo con iniciar su camino profesional, que lo hagan gracias a las energías y la motivación que tendrán para ello. Pero que resistan a la tentación de abandonar los estudios, pues a la larga, en su mayoría, y cada cual pos sus motivos lo lamentarán

RRHH Juan Pablo Peñarrubia
Juan Pablo Peñarrubia, presidente del Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática

Datágora. En el estudio se observa una elevada concentración de empresas TIC entre Madrid y Barcelona (un 49,4 % en 2014) y un elevado número de microempresas (de 1 a 9 personas) un 83,1% del total. La pregunta, ¿esto significa una concentración laboral obligada de los trabajadores del sector o bien no terminan de imponerse las técnicas de trabajo a distancia y/o de teletrabajo, para que el trabajo vaya allí donde está la gente?

JPP. Al ser Madrid y Barcelona las ciudades con mayor concentración de población y empresas es normal encontrar una correlación en la demanda de profesionales del sector informático y en el número de empresas del sector informático. No obstante es cierto que los nuevos sistemas de trabajo permiten progresivamente una deslocalización de los profesionales no sólo a nivel de ciudades sino también de países. De hecho estados como Corea o India están generando una fuerte competencia profesional en la subcontratación de ciertas tareas en el sector.

Se prevé que esta tendencia acelerará las formulas de teletrabajo y trabajo por objetivos con asistencias esporádicas las sedes físicas de las empresas. Se está fundamentando en un incremento de la importancia de las condiciones de trabajo por parte de los profesionales, unido a un cambio hacia una percepción positiva de las empresas en general y de los departamentos de RR.HH. en particular en este tipo de fórmulas. Dos elementos tecnológicos han propiciado en gran medida la solidez de esta tendencia. Primero, el uso de esto instrumentos en las propias empresas que realizan de modo habitual videoconferencias y trabajo colaborativo, incluso los departamentos de personal para hacer las propias entrevistas de selección de trabajadores… Segundo, la fiabilidad y bajo coste de los servicios de computación móvil basados en la nube/cloud, han hecho viable y confiable el trabajo colaborativo y la supervisión y control de trabajo mediante avaluación de desempeño y resultados, frente a las fórmulas habituales de presencia física.

Datágora. Finalmente, varios analistas coinciden en que una gama cada vez más amplia de profesionales diversos que se plantean matricularse para cursar un MBA, requieren conocimientos previos más que medianos en TIC para sus trabajos, es decir, programación, técnicas de Big Data, desarrollos específicos, conocimientos de neuromarketing, etc. ¿En este ámbito y dejando de lado las especializaciones, cuáles diría que son los conocimiento clave para esta amplia gama de trabajadores?  

JPP. Los conocimientos multidisciplinares son siempre muy enriquecedores, el peligro con ello es que el conocimiento adicional desvirtúe al conocimiento esencial, pues de lo contrario se acaba generando un perfil bajo en todas sus competencias, con lo que la iniciativa resulta contraproducente. Esta es la clave. Una cosa es que un MBA comprenda intuitivamente los fundamentos o potencialidades del Big Data y otra bien diferente pretender que implemente y gestione este sistema en una organización. Es cierto que un gran número de empresas han pasado de infrautilizar a sus profesionales de informática, o contratar   personal sobrecualificado, a tener la iluminación de lo que se ha dado en llamar “digitalización de la organización”, queriendo ahora aplicar soluciones informáticas (es decir ingeniería informática) en todas las vertientes de su organización (Lo que no se ha hecho en veinte años se quiera hacer ahora deprisa y corriendo). Bienvenida sea esta “epifanía”, pero este fenómeno debiera generar un adecuado aprovechamiento de los perfiles de formación profesional informática, ingeniero técnico en informática (grado) e ingeniero en informática (master) para las diferentes tareas, cometidos y oportunidades de la informática en la organización, por supuesto en una adecuada coordinación con la dirección y el resto de departamentos y perfiles.

Esto generará mejores tomas de decisiones y mayor estabilidad en la organización. Irse al otro extremo del péndulo y pretender que esto es cosa “de dos tardes” (como aquel famoso episodio parlamentario), no solo sería un craso error, sino que generaría una gran amenaza para nuestra sociedad y tendría un enorme coste de oportunidad a largo plazo. Que hay trabajadores cuyo perfil profesional es diferente de su perfil formativo un hecho real y en muchísimos casos positivo. Convertir la excepción en norma no solo es erróneo, sino que supondría minusvalorar el conjunto del sistema educativo occidental, y espero que nadie se atreva a frivolizar con estas cuestiones, gracias a las que en gran medida hemos llegado hasta aquí. Y por muchas mejoras que todos podamos opinar que podrían hacerse…

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