Las electrolineras, elemento decisivo en el despegue del vehículo eléctrico

Las electrolineras, elemento decisivo en el despegue del vehículo eléctrico

Cuando el pasado mes de marzo Endesa cerró la cuarta edición de su Plan de Movilidad Eléctrica para empleados, y una vez evaluados sus resultados, sobresalió un dato bastante alentador. Tras cuatro años de duración, cinco de cada 100 turismos eléctricos vendidos en nuestro país son conducidos por empleados de Endesa.  Al margen de otros datos, vale la pena considerar este hecho por ciertos indicadores, los trabajadores de la empresa dueños de un coche eléctrico han recorrido durante este tiempo más de 10 millones de kilómetros, hecho que ha evitado la emisión de 1.300 toneladas de CO2 anuales, contribuyendo de esta manera a la mejora de la calidad del aire en las ciudades españolas.

Esta iniciativa enmarcada en el Plan de Movilidad Sostenible de Endesa, forma parte de la estrategia de la compañía orientada a promover la descarbonización de la economía mediante diversas actuaciones, entre ellas las de electrificación de la demanda. Un interesante aporte a un esfuerzo global para ayudar a conseguir la descarbonización del transporte de pasajeros para 2050.  Una meta que – a la vista de los objetivos planteados – todavía se considera en algunos ámbitos como una utopía del siglo XXI.

Un ambicioso objetivo que no admite demoras, pero en el que abundan retos y complicaciones que es imposible eludir, si es que estamos dispuestos a cumplir nuestra parte en un proyecto que apunta hacia un mundo sin emisiones. ¿Hasta qué punto lo lograremos? Las dudas se amontonan, pero de lo que no podemos quejarnos es de la falta de información.

Sin embargo nadie ignora que la eficiencia energética y las energías renovables constituyen uno de los desafíos inmediatos más importantes de la humanidad, aunque a juzgar por lo logrado en estos últimos años aún queda mucho camino por recorrer. Para muestra, un botón. Los compromisos alcanzados hasta el momento son claramente insuficientes para contener el incremento de la temperatura por debajo de 2º C. Frente a este complicado panorama ante el que la Unión Europea – y consecuentemente España – asumen el objetivo de actuar sobre la descarbonización en la economía, actuar contra sus efectos sobre el transporte (aire, mar y tierra) resulta clave para dar cumplimiento a la reducción de emisiones.

El Plan de Movilidad Sostenible de Endesa, forma parte de la estrategia de la compañía orientada a promover la descarbonización de la economía

En efecto, dado que en nuestro país el transporte constituye la actividad que genera el mayor volumen de emisiones GEI (gases de efecto invernadero), es también un sector clave en el proceso de descarbonización del modelo energético. Un desafío nada pequeño, ya que para el año 2030 España no solo debe de haber reducido en un 26% su emisión de gases GEI, es que además, antes del 2050 esta reducción debe situarse entre un 80% y un 95%, para cumplir con los objetivos de descarbonización establecidos por la Unión Europea, recuerda  el informe de Deloitte: Un modelo de transporte descarbonizado para España en 2050”.

En todos los escenarios analizados a lo largo de este estudio, la penetración de la movilidad eléctrica constituye un elemento básico para alcanzar en 2050 la ansiada meta de descarbonización del transporte de pasajeros. Sin embargo garantizar el cumplimiento de estos objetivos no es fácil, ya que exige una elevada penetración del coche eléctrico en el mercado. En 2025 debería haber un parque de 1,6-2 millones de coches eléctricos y estos deberían suponer un 30-35% en ventas, en 2030 se necesita un parque de 4,4-6 millones y que estos representen un 50-60% de las ventas. Si bien los diferentes tipos de vehículos (gasolina, diésel, gas natural, eléctricos y GLP) convivirán en 2030, no debería venderse ningún vehículo con motor de combustión interna a partir de 2040.

Conviene no olvidar que el vehículo eléctrico se enfrenta también a dos grandes barreras: sus menores prestaciones frente a los vehículos convencionales (menos autonomía, mayor tiempo de recarga, menos número de modelos disponibles, mayor coste, escasa información sobre los beneficios) y la reducida disponibilidad de la infraestructura de recarga de acceso público.

Pero además, uno de los principales desafíos de estas tecnologías en su proyecto de expansión, es su coste actual de desarrollo. Sin embargo en los próximos años se espera una importante reducción de costes en los sistemas de almacenamiento, tanto en baterías de IonLi, debido al desarrollo del vehículo eléctrico y aplicaciones de red, como con la aparición de nuevas tecnologías como las baterías de flujo, metal aire, etc. Además de las energías renovables, que, para asegurar la continuidad del suministro, deberán estar respaldadas por sistemas fiables de almacenamiento. En consecuencia, el desarrollo de las tecnologías de almacenamiento energético son claves en este proceso.

La eficiencia energética y las energías renovables constituyen uno de los desafíos inmediatos más importantes de la humanidad

Ahora bien, España cuenta actualmente con más de 63.000 vehículos eléctricos, de los que a Madrid le corresponde la tercera parte con 21.672 unidades, seguida de Cataluña con 16.708, según los datos recogidos en la Guía de Movilidad Eléctrica para las Entidades Locales presentada en Bilbao durante el Congreso de Movilidad Sostenible. De estos más de 63.000 vehículos eléctricos (aunque la mayoría la constituyen turismos), se trata de una cifra realmente pequeña globalmente hablando, ya que 25.000 unidades solo suponen el 1 por ciento de los 24 millones que componen nuestro parque automovilístico.  Con este impacto de sólo el 1% de la demanda, el sistema de generación y transporte de energía eléctrica está preparado para el despliegue del vehículo eléctrico, aunque se necesitarán inversiones en la red de distribución.

Cara al nuevo panorama es preciso reconocer que, pese a los esfuerzos realizados, en España no existe actualmente una red de recarga de acceso público (postes en vía pública y electrolineras) con la dimensión o la capilaridad necesarias para permitir la adopción masiva de la movilidad eléctrica. Esto se debe a la falta de rentabilidad para el inversor, con los niveles actuales y previstos de penetración de vehículo eléctrico, y con las expectativas de grado de utilización de la misma. Ejemplos de ubicación de estos puntos de recarga son aparcamientos públicos, centros comerciales, hoteles y vía pública en lugares próximos a edificios de alta concurrencia de ciudadanos (ayuntamiento, administración, etc.).

Por ello resultan indicativos los esfuerzos que en este sentido se han planteado Iberdrola, Endesa y Repsol, centrándose en el diseño de infraestructuras de recargas por el país con el fin de ofrecer mucha mayor autonomía al vehículo enchufado. Pero sobre todo para no quedarse fuera del negocio de la movilidad, que obviará en los próximos años el coche de combustión y dará paso al eléctrico. Dar ese paso no está siendo sencillo. Para lograrlo es fundamental cambiar el parque de vehículos y extender la red de puntos de recarga eléctrica públicos, ya que así el usuario puede plantearse un viaje entre 450 y 500 kilómetros repostando un par de veces, y que un coche eléctrico estándar tiene una autonomía promedio de 200 kilómetros.

Según indican datos recientes Iberdrola quiere instalar 25.000 puntos de aquí a 2021. Pero su gran apuesta está en los hogares donde tiene previsto implantar 16.000 de los más de 25.000 puntos de recarga. Los restantes 9.000 estarán en empresas que quieran ofrecer este servicio a sus empleados o clientes.

Endesa por su parte ha llegado recientemente a un interesante acuerdo con Saba, operador industrial de referencia en el desarrollo de soluciones en el ámbito de la movilidad urbana especializado en la gestión de aparcamientos. Este acuerdo incluye un despliegue inicial de 144 puntos de recarga que ya están operativos en 36 aparcamientos de 14 ciudades españolas.  El acuerdo forma parte del plan que Endesa presentó a mediados del pasado mes de  noviembre, donde incluye la instalación de 108.000 puntos de recarga en los próximo cinco años, de los que más de 8.500 serán de acceso público.

Respecto a la infraestructura de recarga, el informe de Deloitte ha sido particularmente clara, España necesita unos 300.000 coches eléctricos para 2020 y 11.000 electrolineras rápidas (que permiten la carga del 80% de la batería en 20 minutos) o semirrápidas (que tardan entre dos y tres horas). Hacia 2030, la cifra impresiona: deberá haber entre cuatro y seis millones de autos enchufados y unos 50.000 sitios de repostaje para cumplir con los objetivos fijados por la Unión Europea.  Esto significa que se necesitan 90.000 puntos de recarga de acceso público en 2025 y 145.000 en 2030.

DATOS PARA UN INFORME
Para conseguir el nivel necesario de penetración de la movilidad eléctrica, es fundamental que exista una infraestructura de recarga adecuada en términos de prestaciones (tiempo de repostaje) y disponibilidad. Ésta puede clasificarse en cuatro tipos en función de su utilización: particular, en vía pública, electrolineras y flotas.

  • Puntos particulares: puntos de recarga situados en un garaje o vivienda privada, y que permiten la carga del coche durante la noche para las necesidades de uso diario. Se estima que serían necesarios unos 230 mil puntos en 2020, entre 1,2 y 1,6 millones en 2025 y entre 2,4 y 3,4 millones en 2030.
  • Postes en vía pública normales o semirrápidos: (cada poste en vía pública cuenta con dos conectores), puntos de recarga situados en estacionamientos en la vía pública o en aparcamientos públicos, disponibles especialmente para aquellos usuarios que no disponen de un espacio privado para la recarga. Serían necesarios unos 4 mil puntos en 2020, entre 40 y 50 mil en 2025 y entre 65 y 95 mil en 2030.
  • Electrolineras semirrápidas y rápidas (con 2-4 postes con 2 conectores cada una): puntos de recarga situados en centros comerciales o de ocio, gasolineras, garajes públicos, autopistas y otras zonas de alta afluencia o circulación de vehículos, utilizadas principalmente para una recarga de ocasión o de emergencia. Las electrolineras rápidas consiguen recargar el 80% de la batería en 20 minutos, mientras que las semirrápidas llegan a ese nivel de carga en 2-3 horas. Serían necesarias unas 11 mil electrolineras en el año 2020, entre 40 y 50 mil en 2025 y entre 35 y 50 mil electrolineras en 20309.
  • Puntos de recarga en instalaciones para flotas de vehículos: serían necesarios unos 300 puntos en 2020, entre 400 y 1.700 en 2025 y entre 800 y 4.800 en 2030, en función de la penetración de transporte compartido en los escenarios analizados. Estos puntos de recarga darían servicio a flotas de vehículos compartidos y/o autónomos (tipo Car2Go, Emov, etc.).

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