Las pymes españolas y su escasa cultura financiera

Por Pablo Couso, Consultor Senior de DATISA

Pablo Couso, Consultor Senior de DATISA

Entre la firma de una operación y la firma de una transferencia ocurren muchas cosas que es necesario gestionar, casi todas ellas con implicaciones económicas importantes. De la dirección general de la empresa depende la creación de una estructura organizativa que permita que todas estas cosas se gestionen sobre una base financiera sólida, y no, como por desgracia ocurre demasiado a menudo, sostenidas por una cadena de parches. No todas las compañías disponen de una cultura financiera suficientemente sólida como para entender el alcance real de una mala gestión financiera de las operaciones.

Gestionar los elementos que conforman el Activo y el Pasivo de una organización con una doble visión, financiera y operativa, debería ser una prioridad entre los objetivos que se marcan las organizaciones a la hora de establecer una eficaz estructura empresarial; y al mismo tiempo se presenta como una excelente oportunidad de profundizar en una mayor articulación orgánica.

Sin embargo, la dirección financiera es en muchas empresas, sobre todo en las pymes, exclusivamente una dirección administrativa, consecuencia, generalmente de que la propia dirección no está alineada con esta visión que posiciona a las finanzas como algo estratégico a gestionar. O, dicho de otro modo: si la propia dirección no ve la necesidad de crear una verdadera dirección financiera es que considera que su gestión es automática, y que simplemente no hay opciones que aporten valor.  Por lo tanto, es necesario que, entre las señas de identidad de una empresa figure su clara vocación y voluntad de crear una dirección financiera sólida y con responsabilidades.

Una vez que la empresa asume esa necesidad, lo siguiente a destacar es la capacidad que muestre para integrarse en la organización, porque la dirección financiera, por la estrecha relación entre finanzas y operaciones, no solo se fundamenta sobre elementos estrictamente financieros. En el marco de la gestión de finanzas confluyen elementos que tienen que ver con la gestión del almacén, o con la dirección comercial, o por ejemplo con la producción. Es decir que, aunque las decisiones de esos departamentos dependan de sus responsables, son decisiones que se deberían tomar en el marco de una estructura organizativa que garantice la integración/coordinación con el área financiera. La eficacia y eficiencia de esta coordinación, dependerá del sistema y tecnología que la sostenga.

Es por esta razón por la que es obligatorio insistir en la existencia de un entendimiento y una cultura empresarial que permitiesen que la comunicación entre las direcciones operativas y la financiera, fluyera de manera absolutamente natural. El problema es que, cuando una empresa comienza a dar sus primeros pasos, es muy habitual que lo haga de la mano de emprendedores que son, en esencia, buenas mujeres y hombres de negocios, profesionales muy orientados a los resultados comerciales, pero a menudo carecen de esta visión financiera.

Esto suele llevar a que, en las primeras etapas de una empresa, muchas veces la gestión contable y financiera acabe externalizándose. Y, no, no es malo confiar la gestión contable y fiscal de tu negocio a una asesoría -afirma Couso– lo peligroso es no aprovechar la información y el conocimiento que genera el análisis detallado del dato financiero para mejorar estratégica y operativamente. No compartir la información, no interactuar, no generar flujos de trabajo interdepartamentales, es lo que realmente resta.

Así las cosas, para impulsar la creación de esa cultura o voluntad financiera dentro de una pyme, es necesario  apostar por la formación para trasladar a los gerentes, desde las etapas embrionarias de su negocio, la importancia de la gestión financiera más allá de los puros trámites administrativos que, sin ser prescindibles, aportan menos valor a la organización. Si la gerencia confiere valor a la estrategia financiera, el resto de la plantilla seguirá el ejemplo y no solo entenderá, sino que practicará, el principio de acción-reacción. Es decir que, todas las acciones o decisiones que acontezcan en cualquier departamento, inmediatamente provocará una reacción en el entorno financiero que deberá ser tenida muy en cuenta.

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