Más formación y más talento digital para 2019

Por Marta Romero, Responsable de Recursos Humanos de Datisa.

La formación deberá ser una constante para apuntalar la evolución y el crecimiento de las pymes en la nueva era. Además, deberá ser permanente y poner el foco en la adquisición y afianzamiento de nuevas habilidades digitales, ya que será la formación y la inversión más talento digital, la fórmula sobre la que deberán trabajar las pequeñas y medianas empresas que quieran agilizar su transición hacia el entorno y el contexto socioeconómico digital.

Cuando se habla de transformación digital parece que todo el mundo tiene claro que la tecnología es importante, pero deberían tener en cuenta también que las personas son quizá más relevantes aún, ya que, de nada sirve hacer el esfuerzo de invertir recursos en la implementación de tecnología de última generación, si las personas que deberán utilizar esos aplicativos no están preparadas para hacerlo.

La formación continua y el fomento de la autonomía a la hora de solicitar y realizar dicha formación, se convierte en un plus para empleados y candidatos permitiéndoles crecer profesionalmente; y para la empresa, viendo incentivada la motivación, el rendimiento y el compromiso de sus equipos.

En este ámbito, la capacitación digital es ya uno de los principales desafíos a los que se enfrentan las pymes, más aún, si hablamos de organizaciones con demandas de perfiles particularmente técnicos, donde la oferta triplica en algunos casos a la demanda. Ahora bien, más allá de la dificultad para cubrir determinados puestos técnicos, -programadores, desarrolladores, analistas, etc.- lo cierto es que las pymes deberán poner el foco en proponer formación permanente a la plantilla, formación que permita a las personas crecer como profesionales y ofrecer el máximo de su potencial a la organización.

Sin embargo, todavía son muchas las pequeñas y medianas empresas que confían en la “habilidad natural” de los usuarios para utilizar la tecnología, en su “intuición” para utilizar funciones más allá de las estrictamente necesarias para el desempeño de sus tareas o en la prestación de un servicio.

Marta Romero Responsable de Recursos Humanos de Datisa
Marta Romero
Responsable de Recursos Humanos de Datisa

El gran problema es que no hay un plan de formación estandarizado que ayude a las pequeñas y medianas empresas a mejorar las habilidades digitales de sus equipos, en la mayoría de los casos, se trata de acciones aisladas o reactivas. Son pocas las organizaciones que apuestan por planes de formación proactivos y que pongan el foco en dotar de una mayor capacitación a su talento. Esto es, sin duda, un gravísimo error ya que, en lugar de adelantarse a las necesidades, que en muchos casos son previsibles, se van poniendo “parches” para afrontar situaciones cada vez más complicadas, teniendo en cuenta la velocidad a la que se suceden los acontecimientos.

Aunque todo lo expuesto pueda sonar bastante a teoría, lo cierto es que no hago más que plantear hechos basados en un caso concreto: el de Datisa, empresa en cuya trayectoria me he basado para mi exposición “Cómo abordar los procesos de cambio y la adquisición de nuevas habilidades digitales tan necesarias para la transformación”.  En efecto, desde hace años esta compañía viene apostando  por la formación interna de carácter permanente, con potentes programas formativos orientados a todas las áreas y miembros del equipo. Desde los niveles más básicos hasta los puestos directivos, todos, dedican parte de su tiempo laboral bien a la adquisición de nuevos conocimientos, bien a la certificación de nuevas habilidades o bien al afianzamiento o actualización de capacidades, aptitudes y competencias necesarias para evolucionar en su trabajo.

Solo con esta visión clara de las ventajas que aporta la formación permanente y proporcionando las herramientas necesarias para acceder a los programas formativos precisos, las pequeñas y medianas empresas podrán abordar la nueva realidad. La formación, no debe centrarse exclusivamente en productos o servicios, sino apostar por otras disciplinas igual de importante, que desarrollen habilidades profesionales y nos ayuden a poner al cliente en el centro de nuestro negocio. Por ejemplo, no se trata de que todos seamos expertos en Customer Experience, pero sí de que todos seamos conscientes de la importancia que la satisfacción del cliente tiene para la buena marcha de nuestras empresas.

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