Mirando hacia el trabajo del futuro

Trabajo del futuro

¿Cuál es el grado de autonomía que las máquinas inteligentes pueden alcanzar en algunos entornos productivos y cuáles serán las exigencias de adaptación y complementariedad del factor humano? Responder a esta pregunta no es fácil, ya que el. Impacto de los avances tecnológicos asociados a la denominada cuarta revolución industrial y el proceso de digitalización en el mercado de trabajo, están generando un amplio debate en la sociedad.

En España, sobre todo si tenemos en cuenta  lo elevado de nuestras cifras de desempleo, el centro del debate parece centrarse en la potencial destrucción de puestos de trabajo, dedicando escasa atención a las nuevas oportunidades que este proceso promete generar en el futuro.  Aunque parece existir consenso en que estos cambios permitirán alcanzar mayores cotas de eficiencia y, por tanto, una mayor productividad del trabajo, existen diferentes posiciones a la hora de predecir el efecto neto en términos de empleo. Hasta ahora, las miradas parecen concentrarse en la potencial sustitución de tareas y empleos por las máquinas inteligentes.

De este interesante planteamiento arranca el interesante informeEl trabajo del futuro”, un buen análisis del Observatorio ADEI, impulsado por Google y AFI que insiste en que el progreso tecnológico puede elevar simultáneamente la riqueza y el número de empleos de la economía.

Para empezar, hay que tener en cuenta que una situación como esta, exige replantear los esquemas de incentivos actuales en una serie de ámbitos con influencia en el desempeño del mercado laboral: la educación, las políticas de empleo, de innovación y de defensa de la competencia. Un desafío nada fácil.

La potencial sustitución de tareas y empleos por las máquinas inteligentes.

Expectativas sí, pero…

Cierto es que la digitalización de los empleos promete desencadenar una ola de prosperidad global sin precedentes. De hecho este panorama está en nuestro horizonte socioeconómico, pero visto el tema con objetividad hay que reconocer que esto no sucederá sin una planificación estratégica y los pasos tácticos dados por parte empresas, Gobiernos, organizaciones no gubernamentales y trabajadores individuales.

Si se articulasen las políticas adecuadas para la adopción de nuevas tecnologías y la incorporación de los valores y principios técnicos de la economía digital en las nuevas generaciones de trabajadores, el PIB per cápita podría elevarse desde los 24.000 euros actuales hasta los 33.000 euros en 2030. Ello gracias a un aumento medio anual de la productividad del trabajo del 1,3%.

En lo que respecta a la economía española – subraya el informe – “podría aumentar el número de empleados en más de 2 millones de personas, en un contexto de transformación digital. Este aumento se descompondría en (i) un incremento de 3,2 millones de empleos adaptados a la digitalización, (ii) un aumento de 0,6 millones de los puestos de trabajo que requieren un alto componente “humano”, poco susceptibles de ser desplazados por máquinas inteligentes y (iii) la desaparición de 1,4 millones de empleos en aquellas ocupaciones fácilmente reemplazables por robots. En 2030, la tasa estructural de desempleo podría situarse en el entorno del 7%.

Ahora bien, la constantemente potenciada capacidad de las TIC para aprender y modular el comportamiento a partir del procesamiento de información de manera instantánea (machine learning) o los nuevos avances en la producción industrial -como la impresora 3D o el vehículo autónomo- tendrán un impacto en los empleos tradicionales o emblemáticos del siglo XX. Muchos de estos avances tecnológicos son complementarios del empleo existente, mientras que el grado de autonomía que las máquinas inteligentes pueden alcanzar en algunos entornos productivos sugiere que ni siquiera será necesario el “factor humano”. Preocupante conclusión, sin lugar a dudas.

Sin embargo, a las nuevas oportunidades que este proceso está generando -y que promete generar en el futuro- se le ha dedicado una atención comparativamente más modesta. Y ello, a pesar de que existen evidencias y expresiones que alientan una visión optimista del proceso.

Quizá, la razón que lo explica es la dificultad para poder realizar conjeturas fundadas sobre un aspecto tan cambiante e innovador como es la tecnología. Y es que resulta complejo aventurar nuevas ocupaciones que a día de hoy son inexistentes e, incluso, inimaginables. En cualquier caso, este proceso merece ser contemplado desde una perspectiva que atienda también a la capacidad para generar nuevos puestos de trabajo, impulsar otros modelos de negocio y emprendimiento, y mejorar el nivel de vida de la sociedad. Este es el objetivo que persigue el presente trabajo, centrado en analizar el impacto potencial de este proceso en España.

Clasificación de las ocupaciones

Habitualmente, las ocupaciones se clasifican según la CNO-11 (Clasificación Nacional de Ocupaciones), que identifica 10 categorías principales, aunque se pueden llegar a descomponer en 62, 170 y 502 tipos según el detalle del que se trate (dos, tres y cuatro dígitos, respectivamente). En esta ocasión, se han agregado en tres categorías, con objeto de reflejar el grado de complementariedad que presentan con la robotización:

Ocupaciones “avanzadas” o de tipo 1: físicos, ingenieros y matemáticos, especialistas en finanzas, profesionales de las tecnologías de la información y comunicación (analistas y diseñadores de software, especialistas en bases de datos y redes informáticas, científicos de datos, etc).

Ocupaciones “personalizadas” o de tipo 2. Tareas que requieren un alto componente de trabajo “humano” que convivirán con la robotización: trabajadores de los servicios de hostelería y restauración, cuidados personales, servicios de protección y seguridad, así como directores y gerentes.

Ocupaciones automatizables o de tipo 3. Trabajos susceptibles de ser reemplazados por robots o con alto riesgo de automatización: contables y administrativos, trabajadores agrarios e industriales, operadores y montadores, así como ocupaciones elementales (personal de limpieza, peones, etc.).

La mayor parte de estos empleos (alrededor de 3,2 millones de empleos) se corresponderían con ocupaciones avanzadas o de tipo 1. Las ocupaciones de tipo 2 crecerían también, pero lo harían de forma más modesta (podrían crearse alrededor de 600.000 puestos de trabajo de este tipo en los próximos 15 años).

Por el contrario, las que podrían sufrir en este proceso de transformación, al desarrollar tareas automatizables y potencialmente sustituibles por robots, serían las de tipo 3, a las que se les presumiría una destrucción de 1,4 millones de empleos.

La repercusión positiva del desarrollo de estas ocupaciones avanzadas se manifestaría también por la vía de la productividad asociada con las herramientas digitales y en la mejor remuneración salarial de los trabajadores. De hecho, este tipo de ocupaciones no sólo presenta una mayor productividad que la media, sino que además ha crecido y se esperaría que lo siguiese haciendo a medida que los avances tecnológicos se insertasen en los procesos productivos.

Rara vez las prospectivas sobre el empleo y las ocupaciones incorporan un futuro de disrupción tecnológica. Pero en el caso de España, el informe contempla esta eventualidad. Asimismo, considera las perspectivas demográficas, que avanzan una fuerte disminución de la población en edad de trabajar. Este fenómeno mitigará el problema del desempleo y permitirá afrontar la robotización, siempre y cuando se forme para ello a las nuevas generaciones de trabajadores.

La constantemente potenciada capacidad de las TIC tendrá un impacto en los empleos tradicionales

¿Ocupaciones para los próximos años?

Durante las dos últimas décadas, las ocupaciones que han crecido y ganado importancia relativa en el conjunto de las tareas desarrolladas por los trabajadores en España han sido las asociadas a las ocupaciones avanzadas (desempeñadas por los técnicos y profesionales, así como los profesionales de apoyo), al igual que ha sucedido con los trabajadores de la restauración y el comercio.

Este estudio se centra por tanto, en las primeras. En primer lugar, porque son aquellas sobre las que se espera un mejor comportamiento en la próxima década, especialmente, si se compara con el resto de ocupaciones. Según Cedefop10, organismo dependiente de la Comisión Europea, las ocupaciones avanzadas son las que mayor potencial de crecimiento tendrán en el periodo de proyección contemplado desde 2015 hasta 2025 (además de las asociadas al sector de la hostelería y el comercio). Y, en segundo lugar, porque son también las que presentan un mayor grado de complementariedad con la robotización y la revolución digital o, lo que es lo mismo, un menor riesgo de automatización. Si bien es innegable el efecto disruptor de la robotización sobre el empleo, existe evidencia que apunta a un impacto positivo y compensatorio derivado de este mismo proceso (centrado en empleos avanzados).

La representatividad de las ocupaciones avanzadas todavía es modesta en España. El conjunto de empleados que desempeña este tipo de ocupaciones representaba el 28,5% del total en 2016 y apenas llegaría a alcanzar el 30% en el horizonte previsto por Cedefop para 2025. En paralelo, la media de los países de referencia (EE.UU., Reino Unido y Alemania) se situaría ya hoy en día en el 43% del total, casi 15 puntos porcentuales superior a la media española, y próxima al 45% del total en el año 2025.

No es este un horizonte deseable, especialmente si se tiene en cuenta, como se ha dicho anteriormente, que estas ocupaciones avanzadas son las que mayor grado de complementariedad tienen con la robotización. La evidencia y perspectivas mostradas para los países de referencia indican que se puede aspirar a algo similar. La hipótesis sugerida en el informe es que en 2025 las ocupaciones avanzadas en España alcanzarán el mismo porcentaje que exhibirían Alemania, el Reino Unido o la UE-15.

La evidencia observada en otros países desarrollados donde ha proliferado el empleo de carácter avanzado asociado a la digitalización de las economías demuestra, junto con otros factores (principalmente, regulatorios), que la tasa de paro estructural es menor y que la tasa de empleo es incluso mayor que la contemplada para España en este ejercicio, lo que denota un mayor grado de aprovechamiento de los recursos disponibles.

La repercusión positiva del desarrollo de estas ocupaciones avanzadas se manifestaría también por la vía de la productividad asociada con las herramientas digitales y en la mejor remuneración salarial de los trabajadores. De hecho, este tipo de ocupaciones no sólo presenta una mayor productividad que la media, sino que además ha crecido17 y se esperaría que lo siguiese haciendo a medida que los avances tecnológicos se insertasen en los procesos productivos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.