Preocupa el crecimiento de ciberestrés entre la población española

Crecimiento de ciberestrés entre la población española

Diversos estudios laborales han llegado a una preocupante conclusión: en el sector terciario proliferan cada vez con mayor intensidad los casos de estrés, que repercuten especialmente entre los trabajadores de oficina. Y es que la creciente presión en el entorno laboral – característica en las sociedades industrializadas – puede provocar la saturación física o mental de un trabajador, generando a la vez diversas consecuencias que no sólo afectan a su salud, sino también la de su entorno más inmediato. El estrés laboral surge cuando las competencias personales de un trabajador – del sector que sea –  son superadas por uno o varios factores de su entorno laboral que le superan y a los que no puede hacer frente, hecho que suele manifestarse con diversos síntomas, que van desde la irritabilidad a la depresión, acompañadas por lo general de agotamiento físico y/o mental.

En este sentido conviene repasar un reciente informe de Kaspersky Lab, que revela que las noticias sobre las filtraciones de datos y la presión por gestionar múltiples cuentas online están causando altos niveles de estrés en los usuarios, y los españoles son los europeos que más lo sufren.

El estudio, en el que participaron más de 1.000 usuarios españoles, revela que:

  • El 77% admite estar estresado por las noticias que se publican sobre filtraciones de datos.
  • El 77% afirma que la cantidad de contraseñas que tienen que administrar les causa un estrés innecesario.
  • El 81% sufre de estrés cuando se trata de proteger sus dispositivos.
  • El 74% se siente abrumado por la cantidad de información sensible de la que disponen.

A este nivel de estrés no le falta motivo, ya que el 58% de los usuarios españoles espera o teme encontrarse con un problema de ciberseguridad en los próximos 12 meses. No les falta razón para esta preocupación, ya que el 54% de ellos admite haber sido víctima de algún problema de este tipo en los últimos cinco años.

Horten Soler, psicopedagoga especializada en nuevas tecnologías.
Horten Soler, psicopedagoga especializada en nuevas tecnologías.

Nos pasamos el día recibiendo una alta cantidad de estímulos, tales como imágenes, vídeos, textos o música, a través de nuestros dispositivos móviles. Correos electrónicos, publicaciones en nuestras redes sociales, tanto nuestras como de los demás, invitaciones a eventos o mensajes de WhatsApp, bien sean en grupo o individuales, nos llegan en grandes cantidades a diario y nos hacen querer tener una imagen social adecuada, querer sentirnos aceptados por los demás y querer dar una respuesta satisfactoria a estos estímulos digitales, a fin de salvaguardar nuestra identidad pública”, señala Horten Soler, psicopedagoga especializada en nuevas tecnologías.

Para comprender mejor esta situación conviene recordar que, en momentos como los que vivimos, inmersos en una digitalización acelerada que se va imponiendo en el mundo laboral, se abren paso nuevas formas de pensar y actuar, con tecnologías que se entrecruzan constantemente obligando a los trabajadores a aprender, adquirir, adaptar y a cambiar su misma mentalidad, por no hablar de sus conocimientos técnicos (mayores o menores). Es el precio del cambio al que hay que adaptarse, pero conviene hacer hincapié en un punto que solemos pasar por alto, en medio del entusiasmo por la irrupción de tanta novedad tecnológica y digital, se suele olvidar que en el ser humano el proceso de cambio y adaptación no se da de un día para otro con rapidez y eficiencia. Cierto es que el trabajador lucha por asumir estas nuevas realidades a las que constantemente se incorporan numerosas variaciones y mejoras, pero estas lo hacen cada vez más rápidamente y van en diferentes direcciones, complicando enormemente el proceso de adaptación del usuario. Surge así un terreno abonado para la irrupción del estrés, pero a todos los niveles. Quien muestre escepticismo, puede consultar con headhunters, directores de RR.HH., expertos en gestión de empresas digitales, gestores de proyectos digitales, etc. Y este es un tema que, al parecer y dadas las nuevas realidades, se comenta relativamente poco.

El pasado mes de mayo Jeff  Pfeffer, Profesor en la Universidad de Stanford,  escribía “La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo ha informado que más de la mitad de los 550 millones de días laborales perdidos anualmente por ausentismo «están relacionados con el estrés».  Insistía también en que “Las prácticas laborales perjudiciales incluyen largas jornadas de trabajo, conflictos entre el trabajo y la familia, inseguridad económica derivada de la pérdida de empleos, no tener horarios regulares, ausencia de control laboral y, en el caso de EE.UU., hay que añadir la falta o el alto coste de los seguros médicos”.

Los cambios en la tecnología son un factor que contribuye a esta situación, en especial si esto hace que los empleados sientan que no pueden soportar las crecientes demandas o bien, si tienen menos control en el manejo de su cantidad de trabajo.

Los constantes cambios tecnológicos han incrementado el ciberestres

Un ejemplo, a medida que aumenta el número de teléfonos inteligentes conectados, se incrementa también la información a disposición de los usuarios. Esto provoca nomofobia, adicción al móvil que genera un miedo irracional que experimentan cada vez más personas cuando algo les impide interaccionar con su teléfono. Sus principales síntomas son el miedo o pánico de no poder disponer constantemente de su móvil, ya que es imposible considerar que se pueda salir a la calle sin él, en cuyo uso suele invertir un mínimo de cuatro horas diarias consultándolo por motivos ajenos al trabajo.

La doctora Christine Grant, especialista en Psicólogía Laboral de la Universidad de Coventry, comentaba a la BBC que, “los impactos negativos de esta cultura de estar ‘siempre encendido’ es que su mente nunca descansa, no le está dando tiempo a su cuerpo de recuperarse, de manera que siempre está con estrés. La posibilidad de estar conectados a la oficina desde cualquier lugar del mundo está alimentando inseguridades profundamente arraigadas.  Existe una enorme ansiedad sobre renunciar a tener control, señala. En mi investigación encontré una cantidad de gente que estaba agotada porque estaban viajando acompañados de la tecnología todo el tiempo, sin importar el huso horario donde se encontraban”.

Horten Soler insiste en que, “Este concepto de evaluación digital, tanto la que ejercemos sobre nosotros mismos (autoevaluación digital) como la que percibimos de los demás y de nuestros entornos, está desencadenando procesos de una exigencia continua que provocan estados de estrés digital, o lo que es lo mismo, de ciberestrés. Si a este ciberestrés sumamos las problemáticas actuales en seguridad informática, aparece otro concepto más a sumar, la ciberseguridad. Todo esto puede provocar una serie de consecuencias como son la irritabilidad, la ansiedad y la depresión (me siento exitoso en mis redes sociales o no), problemas de relación con los demás, alteraciones alimenticias (quiero gustar a los demás con mis fotos), comportamientos autodestructivos y hasta ataques cardiacos”.

Crece el ciberestrés entre la población española

En otras palabras, a mayores niveles de estrés, disminuyen los niveles de confianza en las organizaciones y en la tecnología para proteger los datos. Kaspersky Lab preguntó a los participantes en el estudio, cuáles eran las aplicaciones en las que menos confiaban a la hora de proteger sus datos ante filtraciones o ataques, y los resultados mostraron que las redes sociales y el pago móvil eran los menos fiables (44% y 30%, respectivamente). El seguimiento por GPS y las aplicaciones de monitorización de salud y de música son las más fiables, con apenas un 10% de los entrevistados afirmando que no les confiarían sus datos a pesar de que estas aplicaciones cuentan con información altamente sensible.

La desconexión entre riesgo y confianza queda también demostrada por el hecho de que más de la mitad (56%) de los españoles confiarían a sus parejas los datos de acceso, mientras que apenas el 5% lo haría a un gestor de contraseñas, y ello a pesar de haberse demostrado repetidamente que los humanos son el eslabón débil en la seguridad.

Alfonso Ramírez, director general de Kaspersky Lab Iberia
Alfonso Ramírez, director general de Kaspersky Lab Iberia

Alfonso Ramírez, director general de Kaspersky Lab Iberia concluye tras comentar el estudio: “Las filtraciones de datos ocupan con frecuencia la portada de los medios de comunicación, con víctimas entre organizaciones de todos los sectores. Por ello, no es sorprendente que la confianza en las empresas sea muy baja y que los niveles de estrés aumenten. Los usuarios se sienten abrumados por la cantidad de información que está disponible online y por saber si está debidamente protegida o no. Si los usuarios no saben cómo protegerse, esa falta de conocimiento puede llevarlos al estrés. Nuestro consejo es tomar el control de nuestros datos y reducir al máximo las amenazas manteniendo una adecuada conducta de ciberseguridad: contraseñas sólidas y únicas, usar soluciones de ciberseguridad, evitar hacer clic en enlaces no solicitados, evitar conectase a través de Wi-Fi no seguros y únicamente descargar aplicaciones desde fuentes fiables”.

Datos para un informe

El estrés en el trabajo está asociado con una reducción de la productividad de las empresas y a un descenso de la calidad de vida de aquellos que lo sufren (porcentaje en crecimiento constante), pudiendo incluso ser motivo de baja laboral en los casos más graves. En este sentido vale la pena reflexionar sobre unas recientes afirmaciones de Kristalina Georgieva, antigua vicepresidenta de la Comisión Europea: “El mayor reto al que se enfrenta el futuro del trabajo –y que ha tenido que combatir durante décadas– es el gran número de gente que vive día a día día en empleos eventuales, sin saber si lo conservarán la semana siguiente y sin capacidad de programar nada con antelación, ni siquiera a unos meses vista, pensando en el futuro de sus hijos”.
No obstante, conviene señalar que no todos los trabajadores reaccionan ante el estrés laboral de igual forma, ni un factor que genere estrés en un individuo tiene necesariamente por qué generarlo en otro, o con la misma intensidad. Pero en mayor o menor medida, afecta.
Así es como en España vemos que, los constantes cambios (tecnológicos y de gestión) a los que está sujeto el panorama laboral actual, se han traducido en un incremento de la competencia y de las exigencias para las organizaciones. El Instituto Nacional de Estadística (INE) indica que  el 59% de los trabajadores en España sufre algún tipo de estrés en el trabajo, que provoca el 30% de las bajas laborales. Esta situación puede generar altos niveles de presión entre sus miembros al convertirse en parte de la cotidianidad laboral de éstos profesionales y propiciar en ellos la aparición de patologías como el estrés, depresión, insomnio o adicción al trabajo. Trastornos en los que el factor emocional o psicológico juega un papel determinante. Según el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el 60% de las bajas laborales en Europa son por estrés, porcentaje que, en tiempos como los que vivimos, obsesionados con  un crecimiento económico incierto, la inseguridad sobre qué sistemas de gestión empresarial aplicar, la incertidumbre laboral, son para tener en cuenta.

 

No podemos ignorar que el estrés laboral constituye un problema global que ocasiona pérdidas millonarias en los países industrializados debido al ausentismo laboral y la merma de las capacidades productivas de aquellos que lo sufren, reduciendo su Producto Interior Bruto (PIB) y generando importantes gastos sanitarios en todos los lugares en que se presenta. En otras palabras, dados los crecientes costos de atención médica en todo el mundo, el lugar de trabajo se ha convertido en un importante problema de salud pública que no podemos desconocer por más tiempo.

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