Smart cities, forma inteligente de internacionalizarse

Juan Millán, Socio de Gedeth Network

Decía Victor Hugo que el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable; para los temerosos, lo desconocido; y para los valientes es la oportunidad. Valentía y saber ver la oportunidad son dos de los rasgos que debemos tener en cuenta en estos tiempos para lanzarse a emprender y, mucho más aún, cuando decides dar un paso al frente y lanzarte a la internacionalización.

Aunque en la mayoría de los casos son las grandes empresas y consorcios quienes se llevan los titulares sobre éxitos y adjudicaciones más allá de nuestras fronteras, lo cierto es que cada vez destacan más muchas pequeñas empresas españolas que están haciendo grandes cosas en los mercados internacionales. De hecho, en Gedeth Network hemos asesorado ya a más de 600 empresas de todos los tamaños y sectores de actividad en sus planes de internacionalización.

Los principales retos para dar el salto siguen siendo los de siempre: desconocimiento de los mercados externos, miedo a complicarse la vida, dificultad para acceder a financiación y el temor a crecer. De hecho, con el 99% de las más de tres millones de empresas activas en España con menos de 250 empleados –teniendo más de la mitad de ese 99% menos de 10 empleados–, el miedo o la pereza a crecer –para no entrar en complicaciones laborales de comités de empresa ni al entrar en nuevos rangos de control fiscal– sigue siendo uno de los principales problemas del tejido empresarial español y uno de los lastres para incrementar la productividad.

La internacionalización, con todo el proceso bien planificado puede ser uno de los acicates para impulsar ese crecimiento. Sobre todo, porque tenemos muchos ejemplos de pymes que están haciendo cosas punteras en sus respectivos sectores y podrían convertirse en referentes en aquellos países con economías emergentes que demandan perfiles cualificados. Es más, la internacionalización puede convertirse en una vía interesante de conseguir financiación mediante el acceso a concesiones –aunque es indispensable conocer bien las regulaciones fiscales del país al que vas y los acuerdos bilaterales en materia fiscal y laboral que haya firmado con España, para tener claros qué conceptos pueden facturarse desde el país de origen y cuáles en el país de destino para que, a nivel impositivo, la compañía no se vea penalizada–.

Por ejemplo, el gobierno chileno tiene previsto destinar 30.000 millones de dólares hasta 2020 para proyectos de infraestructuras, de los que una tercera parte se invertirán a través de concesiones. O la reciente edición del Perú Service Summit, el mayor encuentro de tecnología de aquel país, que generó oportunidades de negocio superiores a los 85 millones de dólares en los sectores de soluciones informáticas y digitales, servicios gráficos y de impresión, videojuegos, desarrollo en 3D y BPO.

Pero recordemos que no siempre es necesario ir fuera para conseguir financiación. Tenemos varios ejemplos de fondos del CDTI, ENISA o COFIDES, o los 80.000 millones de euros para financiar iniciativas y proyectos de investigación, desarrollo tecnológico, demostración e innovación de claro valor añadido europeo que a través de los fondos Horizonte 2020 (H2020) ha puesto la Unión Europea a través del Programa para la Investigación y la Innovación para el periodo 2014-2020.

Si la internacionalización supone una oportunidad, los proyectos vinculados al desarrollo de las smart cities constituyen una forma muy inteligente de lanzarse al mercado exterior en busca de crecimiento. Conviene recordar que nuestro conocimiento tecnológico está muy bien valorado en el extranjero y en el caso de las ciudades inteligentes, las empresas españolas pueden añadir toda la experiencia y know how que cuentan en los sectores de infraestructuras, energía y medioambiente –tanto de producción como de gestión– como pilares básicos del despliegue de las smart cities. También hay que añadir nuestra contrastada experiencia en el sector turístico, que sirve para impulsar los smart destinations, aquellos destinos turísticos que se apalancan sobre la tecnología para innovar, ser sostenibles, accesible a todos, unificar e integrar servicios… como por ejemplo han hecho con el proyecto de Elche Smart City.

Por el ecosistema de necesidades y servicios que demandan y la constante necesidad de innovación y mejora, las smart cities constituyen un importante nicho de mercado multidisciplinar para la industria tecnológica y las industrias tradicionales con servicios y productos de base tecnológica. Además, suponen una oportunidad interesante para impulsar el crecimiento del tejido empresarial, fomentar la innovación, mejorar la calidad de vida y generar empleo.

Aunque ese empleo deberá ser cualificado, dado que el desarrollo de las ciudades inteligentes demanda nuevos perfiles laborales de profesionales expertos en las últimas tecnologías y metodologías de trabajo como cloud, big data, inteligencia artificial, wearables, internet de las cosas…

Claro que empezar a teorizar con lo que puede ocurrir en el futuro y lo que puedes necesitar o no, sin tener en cuenta datos reales, supone el principal error de partida del viaje hacia la internacionalización. Por este motivo, contar con un plan de internacionalización inicial es la clave para determinar el potencial de éxito de la compañía en el país de destino y luego, tener claro el método con el que se quiere proceder a la internacionalización. En este sentido, la opción más habitual es contar con un socio local con el que se establezca inicialmente una relación mercantil antes que una relación accionarial.

Dice un viejo proverbio chino que hasta el más largo de los viajes comienza con un simple paso. En este caso, emprender el viaje hacia las smart cities puede ser el paso más inteligente que de su empresa en este 2016 que vamos a empezar.

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