Telefónica: el sector público puede ser clave en la generación de nueva demanda de servicios digitales

El informe de Telefónica “Sociedad digital en España 2018”, está centrado en el avance de la transformación digital en nuestro país

El pasado día 2 de abril, Telefónica presentó su informe Sociedad digital en España 2018, centrado en el avance de la transformación digital en nuestro país, un importante documento que no sólo contempla las variables relacionadas con el despliegue de infraestructuras y servicios de Telecomunicaciones, sino que también analiza en profundidad cómo la innovación tecnológica está cambiando la sociedad española.

Como ya es tradicional, el informe no sólo refleja cifras sobre el uso de las nuevas tecnologías, sino que atiende a sus repercusiones sociales. Pero al margen de la enorme cantidad de los análisis sectoriales, con sus correspondientes tablas, gráficos de comportamientos y prospectivas sectoriales, hay que subrayar la inclusión en este estudio – por primera vez – de los testimonios de distintas personalidades, tanto del sector tecnológico como de otras áreas de actividad.  Así entonces, la visión objetiva y formal de la digitalización de España que ofrecen los datos y las estadísticas se ve enriquecida y complementada por las opiniones relevantes de los expertos. Y esto es algo básico, ya que cada vez más facetas de nuestra vida están mediadas por la tecnología, hasta el punto de que no se entendería nuestro día a día sin contar con ella. Aspectos como empleo, acceso a la red y a las habilidades digitales, propiedad de los datos, protección de la privacidad y la soberanía de la ciudadanía frente al papel de las tecnologías, aparecen como un nuevo modelo de organización social que puede generar prosperidad y bienestar compartidos, o suponer nuevas barreras para el pleno ejercicio de los derechos humanos.

Puede afirmarse sin lugar a dudas, que ningún ámbito de la sociedad española resulta ajeno al proceso de transformación que impulsa la revolución digital. En cualquier punto de nuestra geografía la inmensa mayoría de los ciudadanos se comunica a través de smartphones; las tabletas se consolidan como herramienta útil y fácil de usar entre sectores de la población, como las personas mayores, hasta ahora poco familiarizados con las últimas tecnologías; mientras que el ordenador continúa siendo el dispositivo más utilizado para hacer compras o ver televisión por internet.  Como fondo el debate sobre uso y propiedad de los datos, que han supuesto importantes cambios que dibujan un escenario a medio y largo plazo donde la conectividad puede transformar no ya nuestra forma de entender el modo en el que trabajamos y consumimos, sino sencillamente el modo en que vivimos.

Los datos están ahí y no admiten discusión. Actualmente contamos con las mejores herramientas para comprender y analizar esta Revolución, para lo que Telefónica ha realizado un análisis profundo de la evolución y el futuro desarrollo del mundo digital, con especial foco en su efecto sobre la sociedad española. Tecnologías como 5G, inteligencia artificial, reconocimiento de la voz, reconocimiento facial, realidad aumentada, realidad virtual, edge computing o cloud computing, se van convirtiendo en habituales, integrándose en nuestro día a día.

Robots colaborativos, máquinas creadas y programadas para trabajar conjuntamente con los humanos.
Fuente: Sociedad digital en España 2018

Conviene también destacar que a lo largo de 2018, se ha evidenciado el liderazgo español en materia de infraestructuras digitales. Somos un país líder en cobertura de banda ancha, se ha iniciado el  despliegue del 5G, se dispone de habilitadores y capacidades tecnológicas de primer nivel, y los niveles de consumo de contenidos digitales y de acceso a la red se encuentran entre las primeras posiciones de Europa. No olvidemos que la aparición del 5G, que anticipa el inicio de su despliegue en los próximos años y supone un importante habilitador para el desarrollo de una conectividad ubicua y de alta capacidad, no solo conectando a personas, permitiendo también la conexión de todo con todo, hecho que abrirá nuevas oportunidades, que supondrán un cambio disruptivo en la manera en la que entendemos el mundo. De esta manera el uso y aplicación de la Administración electrónica en nuestro país nos sitúa en una posición de liderazgo no solo en el ámbito de la Unión Europea, sino también a nivel mundial.

Con esta sólida base puede afirmarse que España mantiene un compromiso firme con la transformación digital. En el ámbito empresarial por ejemplo, la digitalización ha dejado de ser un factor estratégico de competitividad para convertirse en un requisito esencial para la propia supervivencia en los mercados. Tal y como expone el informe, esto se ha evidenciado en el ámbito industrial con la irrupción de cobots, o robots colaborativos, máquinas creadas y programadas para trabajar conjuntamente con los humanos.

Aquí vale la pena detenerse en el apartado dedicado a una de las tendencias que aparecen reforzadas este año en el informe: “los españoles mostramos una mayor preocupación ante el uso inapropiado, opaco e incluso ilegal de las nuevas tecnologías. Preocupación por la privacidad, que tuvo una respuesta legal con la entrada en vigor en mayo del Reglamento General de Protección de Datos”.

En otras palabras, destaca la creciente preocupación de los ciudadanos por su privacidad en Internet, como por el empleo que se hace de sus datos personales. En 2018, dos circunstancias  contribuyeron a aumentar el debate público en torno a los datos personales. Por una parte, en mayo pasó a ser de obligado cumplimiento el Reglamento General de Protección de Datos, y en noviembre el Parlamento español aprobó la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos.

La preocupación por la privacidad y la ciberseguridad se ha incrementado
Fuente: Sociedad digital en España 2018

Recordemos que el año 2018 ha sido importante en términos del debate sobre los derechos de los usuarios de internet: el uso fraudulento de los datos, el incremento de los ciberataques o la entrada en vigor de la nueva directiva de protección de datos suponen un nuevo escenario en el que la gestión, propiedad y uso de los datos generados por el tráfico digital tenderá a ser uno de los grandes debates de los próximos años. Estamos avanzando desde el usuario digital al ciudadano digital, portador de derechos sobre su propia identidad digital y los datos que genera, cuyo uso debe hacerse siempre desde el consentimiento expreso y conociendo cuál es la finalidad del mismo.

Pero además, los datos de 2018 nos han mostrado que la preocupación por la privacidad y la ciberseguridad se ha incrementado: cuanta más vida digital desarrollemos en entornos conectados, más importante será para las y los usuarios garantizar unos umbrales mínimos de seguridad. Sin ella, el desarrollo del comercio electrónico, las comunicaciones entre personas o incluso el uso de las nuevas potencialidades generadas por el internet de las cosas y por el 5G se verán limitadas.

Ahora bien, tal como en las anteriores revoluciones tecnológicas, los efectos de los profundos cambios sobre el empleo vuelven a ser motivo de debate. Es evidente que la robotización de los procesos o la incorporación de la inteligencia artificial están teniendo un impacto sobre determinados puestos de trabajo, al tiempo que crean otros. Como se recoge en el informe, en 2018 diferentes estudios han demostrado que el balance entre creación y destrucción es positivo: la automatización no sólo redunda en aumentos de productividad y eficiencia, sino que también genera empleo. El mejor método para asegurar la continuidad de ese proceso favorable y para reducir las desigualdades es apostar por la mejora en la empleabilidad de la personas; es decir, por la formación.

En efecto, el papel del sistema educativo es fundamental: la nueva economía digital requiere de nuevos enfoques educativos que permitan desarrollar las capacidades y conocimientos necesarios, no solo en el ámbito de las denominadas competencias STEM, sino también en la capacidad de trabajar de manera flexible, la creatividad, la capacidad de análisis y la de resolución de problemas complejos, entre otras habilidades. Nuestro sistema educativo debe comenzar a preparar a las y los trabajadores y ciudadanos digitales de un futuro próximo, donde a las habilidades ya descritas hay que sumar un conocimiento suficiente de los retos y oportunidades que representa la economía digital.

La nueva economía digital requiere de nuevos enfoques educativos que permitan desarrollar las capacidades y conocimientos necesarios
Fuente: Sociedad digital en España 2018

Es necesario insistir en que la formación en competencias digitales para el empleo supone una importante  prioridad: comparada con la Unión Europea, España se encuentra por debajo de los  niveles de contratación de profesionales especializados en tecnologías digitales y, aunque  la brecha de competencias digitales se está cerrando, todavía nos encontramos por debajo de la media europea. España debería aprovechar el marco que supone la creación de alianzas para las competencias digitales y el empleo de la Unión Europea, para establecer un marco de cooperación público-privada entre el sector educativo, el sector privado y las Administraciones Públicas dirigido a mejorar la cualificación en estas materias de los trabajadores, atendiendo particularmente a aquellos de pequeñas y medianas empresas que se enfrentan a procesos de transformación digital más intensos, como la industria o determinados servicios. La creación y retención de talento digital en las empresas debe considerarse también una prioridad, a través de los adecuados programas de incentivos.

El reto al que nos enfrentamos es transformar todo ese potencial en la base dinamizadora de la economía digital en España. La adopción de nuevas tecnologías en las empresas, y su transformación digital, se enfrenta al importante diferencial existente entre el grado de digitalización de las grandes compañías y el de las pequeñas y medianas empresas, en un país donde el tamaño de las firmas es muy reducido, comparado con otros países de nuestro entorno.

De todas maneras, España está actuando en estos ámbitos a través de diferentes iniciativas como la estrategia Industria Conectada 4.0, que pretende reforzar el liderazgo y mejorar la adaptación de las pequeñas industrias españolas al contexto de la digitalización. Según un estudio de la Fundación COTEC y de Mckinsey Institute, aprovechar las oportunidades de la economía digital podría suponer, para España, un crecimiento económico adicional de entre un 1,3 % y un 1,8 % del PIB hasta el año 2025.

A efectos de fomentar el emprendimiento digital, con prioridad en el corto y medio plazo, los planes anunciados por el Gobierno deben eliminar las trabas regulatorias, mejorar el acceso a la financiación alineando y simplificando los diferentes instrumentos existentes, y promover la internacionalización y el crecimiento de nuestro ecosistema de startups digitales. Como señala el informe, el papel de las aceleradoras corporativas está ganando peso, pero a su vez, es imprescindible garantizar que las firmas puedan ganar escala.

Robots colaborativos, máquinas creadas y programadas para trabajar conjuntamente con los humanos.
Fuente: Sociedad digital en España 2018

Esto lleva a promover activamente la digitalización de los pequeños y medianos establecimientos, permitiendo mejorar la productividad y la sofisticación de nuestra oferta de servicios digitales. El crecimiento del comercio online y del consumo de contenidos digitales ofrece una oportunidad que debe ser aprovechada, pero también el crecimiento de herramientas como las proporcionadas por la inteligencia artificial en las empresas puede mejorar la productividad y favorecer su crecimiento. En este sentido, las comunidades autónomas están desarrollando un importante trabajo de fomento de la digitalización, si bien se echa en falta una verdadera evaluación de los impactos de estos planes, y de sus resultados en el medio y largo plazo.. Dinamizar la economía digital 4.2. No dejar a nadie atrás en la sociedad.

Es aquí donde el sector público puede desempeñar un papel clave en la generación de nueva demanda de servicios digitales, actuando no solo sobre la oferta y las capacidades instaladas permitiendo el crecimiento del mercado. Las iniciativas puestas en marcha en relación con las smart cities señaladas en este informe suponen una oportunidad de crecimiento del sector TIC en el que queda mucho camino por recorrer. La inteligencia artificial, el internet de las cosas (IoT) o la computación en la Nube pueden ampliar el abanico de opciones de uso de las Administraciones Públicas para mejorar los servicios a la ciudadanía, en un contexto en el que el actual paradigma de interacción, basado en la mera comunicación electrónica, parece estar agotando sus posibilidades. La extensión de iniciativas vinculadas a la compra pública innovadora y la puesta en marcha de alianzas público-privadas para el desarrollo de nuevos servicios digitales para la   ciudadanía pueden suponer una importante fuente de crecimiento de los servicios digitales y de la innovación empresarial vinculada a las nuevas tecnologías.

Esta transición a la ciudadanía digital se materializa también en la relación con la Administración Pública. Se están generando los espacios para que la Administración ofrezca marcos más amplios y efectivos de transparencia y participación ciudadana, de manera que la interacción con los gobiernos sea más flexible y permita un mejor ejercicio de los derechos de ciudadanía. La Administración, en cuyo seno se albergan ingentes cantidades de datos públicos, puede aprovechar esa realidad para promover un uso inteligente de los mismos, avanzando en su liderazgo en materia de datos abiertos en el seno de la Unión Europea. El desarrollo del blockchain en 2018 permite suponer que esta tecnología crecerá a lo largo de los próximos años como generadora de confianza y seguridad, por lo que su uso podría extenderse para múltiples aplicaciones.

El papel de las políticas públicas se está transformando, en la medida en que deben incorporar la realidad digital como un elemento definitorio de los espacios públicos y privados, de nuestra capacidad de ejercer nuestros derechos ciudadanos. En la sociedad digital no debe ser la tecnología la que esté al frente de la transformación, sino las personas que la usan y disfrutan, en un marco adecuado de protección y sirviéndose de la misma como un factor de ampliación de posibilidades y de proyección personal. Una tecnología al servicio de las personas.

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