Un contrato con Facebook

Rodrigo Miranda,
Director general y socio de ISDI

Cambridge Analytica, la consultora que protagonizó el reciente escándalo por la filtración de datos de Facebook, acaba de cerrar. Presionada desde que se conoció su trabajo para la campaña presidencial de Donald Trump, no ha soportado el envite. Clientes y proveedores han abandonado la compañía dejándola en la suspensión de pagos.

El pistoletazo de salida de esta situación fue una investigación publicada por The Guardian y The New York Times sobre el uso de datos personales de 50 millones de estadounidenses obtenidos de forma irregular en Facebook y utilizados para fines electorales de forma indebida. Pero el fondo de la cuestión es cómo conseguimos que funcione el complejo engranaje entre uso de datos y servicios digitales. Un debate que va más allá de la legislación actual y que golpea en la línea de flotación de la misma esencia de Internet.

Hagamos un contrato con Facebook. Es una propuesta. Con Facebook pero extensible a los otros actores de referencia en este escenario: Google, Twitter, Instagram… un contrato que nos permita alcanzar la adolescencia dentro del desarrollo digital y me refiero a adolescencia como sinónimo de aplicación del sentido común tras una cierta experiencia de uso. Tenemos que dejar de entrar en las redes de manera infantil y con cierta torpeza: creando contenido del que a veces nos arrepentimos, aceptando perfiles y amistades desconocidos, incluyendo a personas sin pedir su permiso, etc.

Todas estas prácticas son más propias de la euforia del principiante que de una estrategia clara que tenga a los social media como una herramienta para un fin concreto, que bien puede ser profesional o personal pero que, al fin y al cabo, se guíe por un objetivo y por decisiones meditadas. Es decir, propongo que hagamos un contrato con Facebook que nos permita entrar en una etapa más adulta y sopesar qué beneficio nos pueden aportar las redes en función de nuestros objetivos y qué estamos dispuestos a dar a cambio de ellos.

Aquí entramos de lleno en el alma de esta cuestión. Que Facebook tiene datos sobre los usuarios es algo obvio y conocido. Todas las apps que usan el login social de Facebook le trasladan datos de uso y comportamiento. Pero es que Internet es puro dato: su capacidad para hacerlo todo medible implica justamente que todos nosotros, nuestro rastro de navegación, lo que buscamos, lo que publicamos o compartimos, todo deja una huella que permite configurar un perfil: justo lo que buscan muchas empresas para comercializar sus productos.

Pero es que, además de medible, Internet es gratuita. Una Red que nos permite conectarnos con millones de tiendas, empresas, usuarios, influencers, famosos, servicios, etc. y a coste cero. El usuario se ha acostumbrado a tener un servicio cada vez más amplio, de mejor calidad y con mayores prestaciones sin pagar un euro por ello y sin plantearse de una manera formal que el pago lo estaba haciendo en especie, con sus datos, porque los Facebook, Instagram, Twitter y compañía que ofrecen esos servicios tan atractivos son negocios y tienen que cuadrar sus cuentas.

Imaginemos por un momento que a partir de mañana nos cobrasen cinco euros por abrir cuenta en Instagram, otro tanto por el perfil de Facebook, por tener un correo electrónico y unos céntimos por cada “me gusta” o cada contenido o cada parcela equis de tiempo dedicado a una red social. Las empresas comercializarían de forma directa su uso y no necesitarían crear otro modelo de negocio para buscar su rentabilidad pero ¿cuántos usuarios se quedarían pagando?

Pagar por los servicios/productos que utilizas es una ley de nuestro modo de vida, pero resulta muy complicado conseguirlo cuando has ofrecido desde un principio esos mismos servicios de forma gratuita. Por eso el debate sobre el uso de los datos golpea en la línea de flotación de la propia Red. Facebook ha tenido que afrontar en las últimas semanas una nueva crisis de reputación, la más importante de su trayectoria que llevó a su fundador, Mark Zuckerberg, a declarar ante el Congreso de EEUU y a prometer una mejora en sus estándares de seguridad.

Está demostrado que la red social no realizó un mal uso de los datos, cosa que sí hizo la ya quebrada Cambridge Analytica. Pero a medida que el uso de Internet crece y se extiende la penetración de la Red sumando millones de usuarios cada año, se hace más evidente que cualquiera de los gigantes de la Red como Google o Amazon, cualquiera de las empresas que operan online como los bancos o los ecommerce pueden estar en riesgo ante un mal uso o un robo de datos de sus usuarios; es una cualidad intrínseca a la Red.

Esta es la situación y por eso creo que los usuarios debemos firmar un contrato simbólico con Facebook, en este caso, pero extensible a todas aquellas compañías cuyos servicios utilizamos para fijar el precio que queremos pagar por sus servicios, ya sea en moneda contante y sonante o en datos que cedemos para su uso comercial aceptando que la Red, como todos los negocios, tienes riesgos y que creemos que las compañías con quienes operamos realizan suficientes controles para garantizar una utilización comercial normal de esa información.

Es decir, el usuario tiene que tomar consciencia del valor de los servicios de utiliza y de que la gratuidad no existe. Una vez hecho eso también tendremos un comportamiento mucho más maduro con el entorno digital, lo que nos empujará a un nuevo escalón de desarrollo que ya está llamando a la puerta a través de la Inteligencia Artificial y el Machine Learning.

Por último, me gustaría recalcar que esa madurez está reñida con el pensamiento de que somos absolutamente permeables a cualquier contenido de Internet; una afirmación que vuelve a posicionarnos en un comportamiento infantil: nos creemos todo lo que se publica y pueden terminar induciéndonos a votar por un candidato concreto. Internet no hace nada que no haya hecho antes la misma industria publicitaria, por ejemplo.

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