Una smartcity exige comunidades de vecinos inteligentes

Enrique Sánchez, Director general de IESA

Según diversos analistas de las realidades ciudadanas, es solo cuestión de tiempo que las comunidades de vecinos comiencen a digitalizarse. De muy poco tiempo. Y los primeros pasos ya se están dando. Aunque de momento no se trate de un movimiento masivo, se estima que en pocos años esta modalidad se impondrá. El panorama para las comunidades de vecinos está claro. Por un lado, todo lo relacionado con juntas, actas, cuentas, conflictos diversos, situación que resulta enormemente molesta, tanto para presidentes y gestores como para los miembros de la comunidad (y no solo por problemas de tiempo), y por otro, las TIC, que ofrecen hace ya tiempo diversas soluciones ajustadas a necesidades y problemas de las fincas.

Hay que partir de la base que en el ámbito de una comunidad de vecinos priman factores parecidos a los que se persiguen en las urbes. Edificios diseñados para ser más eficientes que controlan la temperatura y la emisión de gases invernaderos, portales con elementos de seguridad integrados, ventanas inteligentes que detectan el frío y el calor o sistemas de iluminación automáticos, facilidad de comunicación, constituyen sólo algunas de las características que ya podemos encontrar en cualquier análisis. Este es el desafío.

Para el presidente de una comunidad y en la mayoría de los casos, el cargo no solo significa una cantidad de tiempo del que normalmente no dispone; además de verse en la obligación de hacer frente a situaciones que suele ignorar cómo resolver. En lo que al gestor respecta, que normalmente se encarga de la administración de varias fincas (entre otras ocupaciones) se ve obligado pasar largas horas en su despacho dedicado a gestionar llamadas de propietarios y proveedores y a realizar tareas administrativas (contabilidad, conciliación de bancos, etc.).

Mientras tanto y con una asistencia de vecinos normalmente menos que regular, se siguen celebrando las reuniones de vecinos para aprobar presupuestos o ver el resumen anual de cuentas. A estas reuniones que suelen ser largas y tediosas, suele unirse – también – la falta de tiempo (o cansancio) de los propietarios, tanto para leer la información sobre los temas a tratar en la junta como para acudir a votar. La clave está en aportar nuevas modalidades de asistencia. La ciudad inteligente lo exige.

“España es uno de los países del mundo con mayor índice de uso de la telefonía móvil. Por tanto, hablar de eficiencia y tecnología pasa por usar todos los canales de comunicación disponibles que se nos ofrecen. Aplicaciones móviles, grupos de whatsapp o webs informativas, son los nuevos canales que los ciudadanos 3.0 están reclamando y que los administradores de fincas deben proporcionarles para hacer de la comunidad de vecinos un entorno participativo”, reflexiona Enrique Sánchez, director general de IESA, empresa proveedora de soluciones informáticas para el sector y con amplia experiencia en todas las modalidades de administración de fincas.

Porque además, hay que tener en cuenta a un sector de vecinos cada vez más amplio, aquellos que tienen determinados o muchos conocimientos tecnológicos y que ya no quieren interminables listas de papel con el estado de las cuentas, las derramas o la situación de pago de los morosos. En otras palabras, igual que se ha revolucionado el modo de recibir los datos, también ha cambiado el lenguaje. Estos nuevos vecinos son nativos digitales y necesitan nuevas herramientas que les permitan mantenerse al día de lo que pasa en su comunidad.

smartcity“Los nativos digitales ven el mundo de una forma distinta, la comunidad física se está transformando en comunidad virtual y en economía por colaboración. Necesitan nuevos instrumentos que se adapten a ellos y los administradores de fincas deben ser sus aliados para su vida en la comunidad. Los administradores tienen que ser capaces de manejar abreviaturas, lenguajes de emoticonos y fonemas y presentar la información muy resumida y visual. Mejor gráficos que palabras” subraya Sánchez.

Porque la comunidad no acaba en las juntas, ya que el reto de los administradores de fincas es adecuar la tecnología al día a día de las comunidades de propietarios y facilitar la vida de sus residentes. Además de reservar espacios comunes por Internet, dar parte de una incidencia mediante una app o cambiar los datos de contacto online por el propio usuario, herramientas que los gestores de las fincas ya están poniendo a disposición de los vecinos. Con ello se incrementa la participación comunitaria y ciudadana, vital para el desarrollo de cualquier ciudad inteligente.

Los analistas coinciden que, en un futuro muy cercano podremos ver las reuniones de vecinos por streaming o votar a través de teléfonos móviles. Si la información es poder, uno de los desafíos de los administradores 3.0 es hacérsela llegar a los habitantes de la comunidad adaptándola al formato en que les será de mayor utilidad.

Si en la actualidad el concepto de smartcities no resulta extraño para casi nadie, además de relacionarse normalmente con la administración pública, tampoco conviene olvidar que las ciudades inteligentes comienzan a construirse desde los cimientos. En otras palabras, los hogares de sus habitantes y las comunidades que forman con sus propietarios son las primeras piedras de las ciudades inteligentes del futuro”, concluye Enrique Sánchez.

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