Urge impulsar políticas de innovación y no sólo de I+D

¿Confía la economía española en el sistema de innovación como fuente de ventaja competitiva? ¿Hasta qué punto? ¿Cómo ha evolucionado este sistema durante la crisis y qué implicaciones tiene para el empleo, la inversión, el modelo productivo o la competitividad de nuestra economía?. Estos y otros temas relevantes que ayudan a entender la situación actual del panorama económico española en esta nueva etapa de crecimiento, vertebran el informe  “Las consecuencias de la reciente crisis económica para la innovación empresarial española” presentado el pasado día 28 de enero por FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada).

Este estudio, primer trabajo de un nuevo Observatorio dedicado a analizar la innovación empresarial, ha sido  elaborado por el experto investigador Juan Mulet y confirma que – desgraciadamente – la economía española no termina de apostar por el conocimiento como fuente de ventaja competitiva, contrariamente de lo que ocurre en las economías más dinámicas del mundo. En efecto, según los últimos datos armonizados de la OCDE para el período 2008-2014, mientras que países como Corea del Sur han aumentado sus gastos para crear nuevo conocimiento (I+D) un 57%, Alemania un 23%, Estados Unidos un 12% e incluso Japón un 7%, a pesar de su delicada situación económica, España los ha reducido un 6%.

Hay que destacar también el negativo efecto de la crisis sobre el sistema público de investigación español, que durante estos años no ha hecho posible la incorporación de nuevos investigadores, con lo que se ha agravado el problema de la elevada edad media de este colectivo. Esto, evidentemente, dificulta el necesario relevo generacional y seguramente ha tenido efectos adversos sobre la productividad, que suele ser más elevada en los años justamente posteriores al doctorado.

Sin embargo la consecuencia más grave es que el número de empresas innovadoras se ha reducido un 56 % entre 2008 y 2014. El gasto ha aguantado mejor entre las empresas de mayor tamaño. Por ello urge impulsar políticas de innovación, y no sólo políticas de I+D como se ha venido haciendo hasta ahora.

Si antes de la crisis el sistema de innovación español ya era muy pequeño en comparación con los países de referencia, la crisis lo ha reducido todavía más, mientras que el de estos países ha seguido creciendo. Aunque resulta esperanzador que el sistema de innovación español no haya perdido completamente su vitalidad, existe un claro peligro de que termine haciéndolo si no logramos que nuestra capacidad de utilizar y crear conocimiento para generar riqueza se convierta en una prioridad estratégica para el país.


“Y es que la innovación empresarial española es sin duda muy escasa. Sólo un 1% de las empresas del DIRCE son innovadoras tecnológicas o no tecnológicas. Cuando muchas más empresas la asuman como una de sus ventajas competitivas, la innovación será un dinamizador de nuestra economía” recordó Juan Muleten una conversación con DATÁGORA.


 

“La I+D y la innovación” agregó, “aunque ambas tengan su razón de ser en el conocimiento, son muy diferentes, tanto en su objetivo como en su desarrollo y, por supuesto en la forma de incentivarlas bien desde el ámbito público como desde el empresarial” insistió. “Ahora bien” agregó, “respecto a su fomento, la I+D necesita   recursos para crear conocimiento. La innovación exige inevitablemente su asunción por la empresa, agente indispensable para que ocurra, por lo tanto su fomento sólo puede venir de una reducción del riesgo inherente a ella. Es posible que una política de I+D ayude a reducir este riesgo, pero la política de innovación es mucho más complicada”.   

Preguntado por las deducciones fiscales, consideradas por muchas empresas como “excesivamente rígidas”, motivo por el que incidirían negativamente sobre la innovación, Juan Mulet considera que El sistema fiscal español de la innovación, basado en créditos fiscales, es generoso. Para poder aprovechar el crédito fiscal es necesario que la empresa tenga, en algún momento, beneficios. Este instrumento es adecuado para que empresas rentables se impliquen en actividades innovadoras, y así generen más valor. No lo es para empresas que empiezan, ni para salvar a las que están en dificultades. Para estos supuestos hay otros instrumentos tanto de política fiscal como industrial”.

El informe concluye que no sólo es necesario revitalizar nuestras políticas de I+D, que han sido exitosas como en casi todos los países donde se aplican recursos públicos de una manera más o menos continuada, sino que además es urgente empezar a diseñar y poner en práctica verdaderas políticas de innovación, que nunca hemos tenido en España. Su objetivo sería el de inducir a muchas más empresas a asumir el gran riesgo de la innovación, que se añade al inherente a la propia actividad empresarial Esto es necesario porque el bienestar de nuestro país ya no puede depender de un sistema productivo basado en bajos costes. De acuerdo con el autor del informe, sólo ofreciendo productos y servicios que aporten valor al mercado global será posible un crecimiento sostenible de nuestra economía.

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